INICIO > OPINION
A-  | A  | A+

El reto de cierre de año: Covid-19

Falta bastante poco para que el año concluya y los complejos efectos de la crisis económica, así como de la sanitaria, se han instalado en una especie de circunstancia, de alguna forma, normalizada en el horizonte de los ciudadanos. 

El principio de la pandemia en el primer trimestre de este 2020, iniciaba con una serie de informaciones diversas en las que el peligro de crecimiento de la misma no estaba claro para todos. Los primeros efectos en los países asiáticos hacían pensar que se trataba de una epidemia localizada, particularmente en China, y no se preveía un efecto de altas implicaciones en nuestro país. Al mismo tiempo, los índices de crecimiento económico proporcionados, fundamentalmente por el Inegi, así como las casas calificadoras bursátiles más importantes del mundo, daban a conocer la caída de la economía mexicana durante 2019. 

Con el paso de las semanas y con el impacto, cada vez más intenso y devastador de la epidemia que, por el hecho de expandirse globalmente, adquirió la condición de pandemia, comenzó a alertar, tanto a las autoridades de diferentes gobiernos del mundo como, esencialmente, a la Organización Mundial de la Salud, que tenían en ese instante el complejo diagnóstico del problema global que se enfrentaba; pero no se veían con claridad en esos momentos las estrategias de control contra la pandemia y, sin embargo, se establecían maniobras de mitigación para intentar, a través de medidas básicas, una contención y mantener el efecto del Covid-19 lo más acotado posible. 

En México, el tema dividió a las autoridades, estatales y federales, respecto de la forma de intentar el corte de contagios. Si bien las instancias federales comenzaron con un saludable ejercicio de comunicación pública del evento, poco a poco la correlación de temas económicos, sociales, electorales y, evidentemente, políticos, contaminó la escena informativa y con ello la ciudadanía se vio súbitamente expuesta a diferentes líneas de interpretación, diversas estrategias de contención y, paradójicamente, a la observación del desinterés de algunas autoridades federales en el tema. El bombardeo de mensajes, de lineamientos y de intentos de política pública comenzaron a deslizar la perspectiva ciudadana al hecho de considerar al problema, como un problema de carácter político. 

Situar los efectos de la pandemia desde una perspectiva ciudadana en un nivel político ha generado una reacción correlativa a responder, más que de una perspectiva sanitaria, a una toma de postura en relación con el carácter político con el que se ha considerado la pandemia. 

La falta de una integración de políticas públicas claras y, de la dimensión en las que éstas tienen efectos, además de desorientar han generado una reacción de la que la ciudadanía tiene amplia experiencia; es decir, no considerar los lineamientos sanitarios como elementos de política pública sino como disposiciones administrativas que se pueden pasar por alto. Precisamente, éste es el punto que genera una situación de alta complejidad en este cierre de año. En efecto, la fatiga social respecto del impacto de la pandemia, las informaciones de reaperturas de clases presenciales, mencionadas sin los matices en los que se está considerando esa estrategia, la proximidad de la adquisición de vacunas, y la falta de estructura de informaciones que se reciben de diferentes autoridades, relajan la perspectiva ciudadana y más que atender a los llamados de las autoridades, como es el caso en la Ciudad de México, principalmente, se percibe  más una actitud de pasar por alto las medidas de sana distancia, en la medida que consideran que es como pasarse un alto y que tiene arreglo administrativo. 

El gran reto de este momento lo constituye la reorientación de las estrategias de control sanitario en los diferentes órdenes de gobierno, estructurar políticas homogéneas de comunicación y, al margen de los escenarios electorales, tomar decisiones que controlen la dimensión sanitaria y refuercen los mecanismos de control de la pandemia. Los efectos de las vacunas podrán observarse hasta 2022, no antes. 

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I