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Pandemia, actor en el proceso electoral

El inicio de este peculiar año representa la integración de diferentes aspectos que requieren planes y proyectos organizados, que tendrán efectos en un futuro próximo y mediato. De propósitos que necesitan coordinación en materia de salud, en virtud de que los flujos de los insumos para las campañas de vacunación pasan por un periodo de complicadas negociaciones internacionales, así como también de una urgencia planetaria en virtud de la acelerada expansión de la pandemia de Covid-19, que desde la perspectiva internacional en la que ahora nos encontramos, no solamente no se ha logrado contener, sino que las mutaciones de la cepa del virus han desarrollado variantes que demandan la rápida operación internacional y nacional para intentar contener la expansión que nos aqueja. 

Al mismo tiempo, la prolongada zona de crisis económica internacional también plantea la reestructuración de mercados y el establecimiento de reglas que estimulen el mantenimiento y desarrollo económico nacional y regional. 

Además de todos estos importantes temas, en nuestro país ha arrancado el proceso electoral de una de las elecciones concurrentes más importantes de los años recientes. Se trata de una elección en la que por primera vez se hacen coincidir, de manera masiva, procesos regionales y federales que, de alguna forma, experimentamos en la elección federal y local de 2018. 

Ahora, en esta elección no se vota para una fórmula presidencial o gubernatura, como el caso de Jalisco, sino de las diputaciones federales y locales, así como las presidencias municipales, de forma que el ejercicio de la votación posee un poder que pocas veces tienen a su disposición los ciudadanos, la emisión de su voto y, con éste, la expresión de la forma en que se está evaluando el desempeño político de los partidos en el gobierno. 

El sentido y objetivo fundamental de la democracia estriba, sustancialmente, en el mantenimiento de un régimen que estimule, desarrolle y cuide la emisión del voto, porque éste representa por lo menos desde hace 21 años en nuestro país un ejercicio básico de desempeño de la democracia que, con la primera alternancia presidencial del Partido Acción Nacional en el 2000, se profundizaron y revalorizaron las reglas de operación electoral. 

El Instituto Federal Electoral, hoy Instituto Nacional Electoral, ha constituido, con sus aciertos y lados grises, una de las estructuras en las que la ciudadanía encuentra una institución que ofrece condiciones de equidad en los procesos electorales. 

La elección de este año estará profundamente acompañada por la pandemia, circunstancia que genera la necesidad de una operación diferente en las campañas electorales, en la medida en que el proselitismo se desarrollará con variantes distintas, con un elemento adicional con el que no contaban, las medidas sanitarias que se emitan desde las esferas federal y local. La anhelada pero lejana idea de contar con un procedimiento de vacunación que tuviese efectos positivos para junio, definitivamente se antoja, si no imposible, por lo menos muy lejana. 

Las precampañas arrancaron entre el 23 y 26 de diciembre, en el contexto federal. Los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática registraron ante el Instituto Nacional Electoral la coalición Va por México. Por otra parte, Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México registraron la coalición Juntos Hacemos Historia. 

Dentro de poco tiempo, con la decisión de las candidaturas, comenzará la complicada competencia por la atención del voto ciudadano. La sobreabundancia de mensajes en los medios digitales y tradicionales constituirá un ejercicio permanente de análisis y traducción que estaremos siguiendo con puntualidad. 

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I