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Estrategia fallida

La estrategia del gobierno federal para enfrentar la contingencia sanitaria provocada por el virus SARS-CoV-2 en nuestro país puede ser calificada de fallida. Son muchas las evidencias al respeto: el libro de Laurie Ann Ximénez-Fyvie, Un daño irreparable, da cuenta puntual del galimatías en que se ha convertido dicha diligencia gubernamental. En la vorágine del combate a la pandemia hay al menos dos cuestiones que sobresalen: el uso de mascarilla y la estrategia de vacunación. 

Con relación al primero, en un artículo publicado el miércoles 10 de febrero en The New York Times (https://n9.cl/qjrs) se reveló que el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) afirmó que “usar una mascarilla… reduce el riesgo de infección con el coronavirus… para el usuario y otras personas”. 

No obstante, en su reaparición en las mañaneras y luego de recuperarse de Covid-19, el presidente López Obrador se negó a usar mascarilla porque “ya no contagio”, dijo enfáticamente, a pesar de las evidencias y estudios que demuestran lo contrario (recordemos que una de las primeras medidas del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al tomar posesión de su cargo, fue la orden ejecutiva para establecer que toda la población use la mascarilla para evitar el contagio). 

A pesar de haberse acumulado más de 170 mil defunciones y casi 2 millones de contagiados por coronavirus –según cifras oficiales– es posible observar que muchas personas siguen sin usar mascarilla (o la usan de forma indebida) en público. Y cómo no lo van a hacer, si el propio presidente se niega a usarlo, cuando debería ser el ejemplo a seguir para la población, pero su necedad es temeraria (“¿Por qué lo voy a usar si ni el mismo presidente lo usa?”). 

Por otro lado, se les ha hecho bolas el engrudo con la estrategia de vacunación. Con la llegada de tan solo un poco más de 700 mil dosis de la vacuna Pfizer para destinarla a la primera dosis para el sector que se encuentra en la primera línea de combate a la pandemia; sin embargo, con en la euforia de la vacunación se decidió vacunar a profesores en Campeche, pero ahora se quedaron, tanto ellos como el personal médico, sin su segunda dosis (se suponía que debía aplicarse pasando entre 21 y 28 días; ahora, que hasta 42 días). 

De acuerdo con el portal https://covidvax.live/, en México se han aplicado 728 mil 255 vacunas, lo que representa tan solo 0.56 por ciento de la población y, de seguir este ritmo, tomará 33 mil 29 días para que esté vacunado 70 por ciento de su población; eso es, para julio de 2111 (claro, esto cambiará para cuando lleguen las vacunas prometidas). 

En la prisa para ilusionar a las personas mayores de 60 años para que aceptaran ser vacunadas se abrió un portal sin tomar las medidas para evitar los errores técnicos elementales ante una avalancha de solicitudes y tomó casi tres días para corregir el error… claro, cuando lleguen las vacunas. 

Y cuando se retome el programa de vacunación será con las brigadas denominadas Correcaminos, que están integradas por 12 personas, de las cuales solo dos son del personal de salud (“un médico y un enfermero”), el resto solo serán mirones. Claro, con la inseguridad del país, cuatro miembros de las Fuerzas Armadas son indispensables. No se permitirá que participen los gobiernos de los estados, esto le da un giro electoral, justo en medio de las campañas electorales. Así, la vacunación se politizará y usará como artilugio electoral. 

El éxito del programa de vacunación será posible cuando se involucren gobiernos de los estados, universidades, hospitales privados y estableciendo centros masivos de inoculación. 

iortizb@gmai.com

jl/I