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Reducir la brecha entre pobreza y bienestar

En los tiempos del Covid-19 la brecha entre pobreza y bienestar se hace más honda. En todos los países de Latinoamérica, la pandemia ha propiciado que se incrementen las carencias de los más pobres y se haga más profunda la vulnerabilidad de estos sectores. 

De acuerdo con el reciente informe sobre el Panorama Social de América Latina, el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, es decir, 22 millones de personas más que el año anterior (Cepal 04/03/2021). En diversas mediciones sobre marginación, pobreza o desigualdad, la peor condición es la de los indígenas y si encima se considera la condición de género, las mujeres indígenas se encuentran al final en la escala de los desposeídos. 

En nuestros países las ya precarias condiciones en que viven los pobres se agudizan con nuevas y mayores carencias: hoy lo más urgente es que los servicios de salud sean accesibles a las capas más empobrecidas de la sociedad. En particular es necesario que se mejore la distribución y aplicación de las vacunas, especialmente en las zonas marginadas y en las más apartadas de las zonas urbanas. 

El confinamiento y la disminución de actividades económicas productivas o de servicios ha reducido las posibilidades de empleo y remuneración para amplios sectores que no cuentan con un trabajo fijo ni se desempeñan en actividades consideradas esenciales y que agrupan alrededor de 49.4 por ciento de la población. Esas personas necesitan trabajar, pues dependen del ingreso diario para comer y sobrevivir, sus problemas se agudizan en áreas rurales, entre niñas, niños y adolescentes; indígenas y afrodescendientes, así como entre la población con menores niveles educativos. 

Los trabajadores por cuenta propia ven restringidas las posibilidades de mantener sus empresas, comercios, la generación de empleos y hasta la propia sobrevivencia de sus fuentes de trabajo. Al contraerse las actividades económicas formales, se incrementó la tasa de desocupación en 2.6 puntos, ya que pasó de 8.1 por ciento en 2019 a 10.7 por ciento en 2020. Atendiendo a la escolaridad, llama la atención que los más afectados por la desocupación en 2019 sean quienes tienen educación técnico profesional y universitaria, que alcanzan 11.2 puntos porcentuales, seguidos con 8.2 por quienes tienen la secundaria completa (Cepal 04/03/2021). 

El trabajo femenino generalmente se concentra en labores de cuidado hacia los niños, ancianos y enfermos, dentro de las familias o las comunidades. Aunque es una labor fundamental para 60 por ciento de las mujeres, este trabajo no se remunera ni se calcula su costo como una actividad que requiere salario. El periodo en que las mujeres dedican mayor atención a sus hijos afecta las trayectorias laborales y sus ingresos hasta en 39 por ciento. Es urgente garantizar el derecho a cuidar y a recibir cuidados, así como buscar formas de reactivar la economía de los cuidados desde una perspectiva de equidad. 

Los grupos más afectados por la pandemia no podrían siquiera cubrir sus necesidades esenciales si no contaran con medidas de protección social y transferencia de ingresos. Hoy en Latinoamérica 84 millones de hogares o 326 millones de personas reciben algún tipo de apoyo estatal, sin embargo, la Cepal considera necesario implementar en América Latina programas de protección social universal y en el futuro instaurar el ingreso básico universal. 

El problema y sus diversas expresiones ya lo conocemos, toma nuevas formas y se agudiza; lo que ni los gobiernos, ni los organismos internacionales y hasta la sociedad en su conjunto hemos sabido hacer ha sido encontrar formas creativas y eficaces para reducir la brecha que hay entre los pobres y el resto de la sociedad. Dicho en positivo: es necesario mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. 

*Profesor investigador del ITESO

jjeosoriog@gmail.com

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