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Un memorial de mujeres considerado ataque al gobierno

Desde hace algunas semanas se consideraba la importancia que tendría el Día Internacional de la Mujer, por el profundo contenido de una seria reflexión social que implica, de manera trascendental, no solamente una deliberación sino el impulso para un cambio de actitud social en todos los niveles de la convivencia humana, para establecer formas que planteen un equilibrio general entre hombres y mujeres. 

La historia de los análisis, protestas, demandas y exigencias de diferentes agrupaciones de mujeres organizadas tiene una larga trama histórica que en los años recientes ha conseguido, no sin dificultades, colocarse temáticamente en diversos espacios, entre los cuales, el educativo ha logrado colocar cimientos, aún tempranos pero sólidos e importantes, que se constatan con el comportamiento de nuevas generaciones, de niños y jóvenes que comienzan a reaccionar ante el mundo con nuevos esquemas de valores. 

Si bien el proceso requiere de una presencia constante pero progresiva en el ámbito social, tampoco esto ha significado una amplia comprensión o aceptación de este fenómeno. La organización de los diferentes movimientos en el mundo y en nuestra sociedad parte de perspectivas muy disímbolas en la cosmovisión de cada una de las sociedades. Aún en nuestro contexto nacional, las brechas existentes entre diferentes ámbitos sociodemográficos y geográficos del país, plantean diferencias muy radicales que tienen que tratarse a partir de la historia particular de cada núcleo social; sin embargo, la urgencia de la transformación de los valores no tiene una diferencia particular pero sí la necesidad de actuar, orientada hacia la trascendencia del desarrollo de una sociedad, de hombres y mujeres, sin las arcaicas y atávicas distinciones y diferencias, porque se requiere actuar a través de nuevos paradigmas de valor. 

En esa dimensión de organización, en nuestro país, el significado de la simetría de géneros se ha orientado conceptualmente a un punto de mucha importancia y valía, como lo es el de la representación política. Sin embargo, este factor solamente constituye una arista del contenido de las demandas de paridad. 

La violencia hacia las mujeres ha representado y representa uno de los más complejos retos del Estado a través de cada uno de sus gobiernos. En nuestro país se reportan al menos 10 mujeres asesinadas por día y que tiene una contraparte en la judicialización de estos eventos con más de 99 por ciento de impunidad en delitos de violencia sexual, de acuerdo con el Inegi. Cuando se consideran los problemas planteados por las organizaciones feministas en otras partes del mundo, definitivamente la diferencia para comprenderse mutuamente radica en los acentos en los que se enfatizan las demandas. El clamor de las mujeres en México tiene que ver con la larga desatención del grueso de autoridades para este grave y obscuro problema. 

2020 constituyó un año particularmente complejo, violento e impune para las mujeres, y la protesta de un sector que representa la mitad de la población es la exigencia al Estado, a través de sus gobiernos, de que cumpla con el mandato constitucional de un derecho, en principio, de garantizar la vida, seguidamente de que ésta se desarrolle con dignidad y regularidad. 

El gobierno federal considera que estas manifestaciones son un ataque a este gobierno, orquestado por los conservadores autoritarios. La discrepancia entre diferentes órganos de gobierno en las opiniones sobre este punto, no generan sino confusión en los mensajes. Por una parte, la secretaria de Gobernación y la jefa de la Ciudad de México expresan una solidaridad con el tema, en tanto que la Presidencia ha persistido en la defensa de la candidatura de un personaje, históricamente señalado como violador. Nuevamente, se evidencian las discrepancias que al final se resuelven por el orden central y la disciplina a la autoridad, no a la sociedad, lo que recuerda otros tiempos de gobierno y fórmulas que se creían y se anuncian como ya superadas. 

armando.zacarias@csh.udg.mx

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