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El petróleo es nuestro

Uno de los momentos memorables de la historia de México en el siglo 20 fue la acción del gobierno de Lázaro Cárdenas orientada a recuperar para la nación la industria petrolera que se encontraba en manos de empresas extranjeras. El 18 de marzo de 1938, en un emotivo mensaje, Cárdenas explicaría los motivos que llevaron a la expropiación, de los cuales destaco los más relevantes: 

No había beneficios de la inversión extranjera. Durante décadas las empresas extranjeras eran beneficiarias de grandes privilegios, como franquicias en aduanas, exenciones fiscales y principalmente la explotación de miles de obreros con pésimos salarios y condiciones laborales. El argumento que en su momento se hizo sobre los supuestos alcances de ese tipo de capital era que se acompañaban de “obra social” por parte de las industrias; pero Cárdenas, en su intervención denunció que nunca sucedió ese apoyo; no hubo en los pueblos cercanos a las explotaciones donde se extraía el petróleo algún hospital, escuela o centro social, campo deportivo o planta de luz; en cambio, lo que sí ocurrió fueron atropellos, abusos e incluso asesinatos para proteger los intereses de las compañías por las guardias privadas que resguardaban a las petroleras. 

La expropiación fue resultado de un conflicto laboral y no una decisión unipersonal de Lázaro Cárdenas. Los trabajadores de la compañía de petróleo El Águila realizaron una huelga solicitando arbitraje para llegar a un acuerdo conciliatorio; las peticiones se relacionaban con mejorar las condiciones de trabajo relativas a prestaciones y salario mediante la homologación en todo el país, sustentada en el principio de igualdad de salarios ante igualdad de trabajo. 

Hubo peritajes y los tribunales laborales mexicanos determinaron que sí era posible cumplir con las demandas de los sindicatos, pero las industrias extranjeras se negaron a acatar las resoluciones de conciliación y arbitraje, llegando el problema hasta la Suprema Corte de Justicia, que dio la razón a los trabajadores, laudo que las empresas no acataron. Cárdenas explicó que la nacionalización era un recurso para preservar la soberanía ante las maniobras del capital extranjero que pretendía hacer caso omiso de las obligaciones que les imponen las leyes e instituciones del país donde estaban instaladas. 

Gran respaldo popular a la iniciativa. La prensa de la época da cuenta de las movilizaciones masivas de apoyo a la decisión del presidente, la frase “el petróleo es nuestro” fue el sentir de un pueblo que colaboró incluso económicamente para pagar el costo de la expropiación con aportes en dinero o en especie; hasta los niños del país cooperaron en sus escuelas con esta colecta nacional. 

La decisión de expropiar el petróleo fue trascendente para la modernización del país, que junto con el trabajo colectivo de la tierra a través de los ejidos finalmente comenzaba a materializarse un programa de desarrollo económico que surge en la Revolución y apostaba a fortalecer las fuerzas productivas nacionales, el mercado interno y garantizar los grandes derechos sociales por los que se había luchado. 

La memoria histórica nos sitúa sobre las experiencias pasadas para trazar el futuro, de nuevo se debate el tema de los energéticos y se cuestiona la apertura indiscriminada al capital extranjero que se realizó desde 1988 por los neoliberales, y la urgente necesidad de rectificar el rumbo; es imprescindible determinar el camino que la nación mexicana requiere adoptar en materia energética para fortalecer el desarrollo independiente, transitando a energías limpias y teniendo como eje la soberanía y el beneficio social. 

carmenchinas@gmail.com

jl/I