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1º de mayo y trabajo precarizado 

El 1º de mayo recuerda la lucha mundial de los trabajadores por la defensa de sus derechos, la histórica huelga de Chicago realizada a finales del siglo 19 (1886) movilizó a miles de obreros y culminó con la represión y muerte de los sindicalistas señalados como los incitadores de la rebelión. El reclamo básico era ocho horas de jornada laboral, pero también mejoras en las condiciones de trabajo y del salario. George Engel, considerado uno de los mártires de Chicago, señalaría en sus alegatos antes de la ejecución: “¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones, otros caen en la degradación y la miseria”. 

En México tuvimos nuestros propios mártires a principios del siglo 20 en las huelgas textiles de Cananea y Río Blanco, fuertemente reprimidas por las compañías extranjeras con la complicidad del gobierno de Porfirio Díaz. Los sindicatos y movilizaciones para lograr el reconocimiento de derechos individuales (jornada máxima, salario mínimo, descanso dominical, vacaciones seguridad social, capacitación) y colectivos (sindicalización, huelga, contrato colectivo) se mantuvieron firmes a pesar de las represiones, hasta ver materializados (en el caso de México) los derechos sociales en la Constitución de 1917 y posteriormente en la Ley Federal del Trabajo. 

A nivel mundial es a mediados del siglo 20 cuando se incluye lo que conocemos como derechos humanos de segunda generación o derechos económicos, sociales y culturales; es una obligación del Estado implementarlos, deben ser progresivos y se orientan al beneficio colectivo; entre los principales están el acceso al trabajo, a la seguridad social y formar sindicatos. 

La lógica del sistema capitalista es la acumulación del capital y son las trabajadoras y los trabajadores quienes con su esfuerzo manual o intelectual producen la riqueza que termina siendo apropiada por una minoría, desde el trabajo doméstico y de cuidados que no recibe remuneración alguna, hasta el que es altamente especializado que hoy se contrata a través de formas de pago que no generan ningún derecho adicional, como los contratos de honorarios, por ejemplo. 

La pandemia de Covid-19 ha puesto en discusión situaciones sociales que se habían normalizado: como el trabajo informal o precarizado que fue la razón por la que en muchas regiones latinoamericanas nunca fue posible implementar medidas de aislamiento social pues ante la disyuntiva de quedarse en casa o atender las necesidades económicas de la familia los trabajadores asumían el riesgo de contagio, o la doble jornada para las mujeres que además de tener que buscar un ingreso remunerado realizan las labores de cuidados y domésticas sin retribución alguna. 

Este primero de mayo vale la pena reflexionar sobre las exigencias actuales de la clase trabajadora. Se ha discutido recientemente respecto a las formas de flexibilización impuestas durante años conocidas bajo el nombre de outsourcing en donde se contrataba por meses, sin derecho a antigüedad o seguridad social. También se ha cuestionado que el sistema privado de pensiones está lejos del alcance de la mayoría de los mexicanos (sólo uno de cada cuatro podría acceder a una pensión) y mucho más lejos para las nuevas generaciones que se incorporan al mercado laboral en plataformas de servicios con carencia total de prestaciones como las entregas de comida a domicilio que ni siquiera tienen un salario fijo y carecen de protección ante riesgos de trabajo. 

Es el siglo 21 y la lucha por salario digno, seguridad social, tiempo para descanso, reconocimiento al trabajo de cuidados y doméstico sigue siendo necesaria. 

carmenchinas@gmail.com

jl/I