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Restos óseos, la otra crisis forense

En la bolsa de plástico sellada que llegó desde una de las fosas clandestinas de la zona metropolitana se señalaba que se trataba de un hueso de brazo. Sin embargo, el médico forense apenas lo vio y se dio cuenta que era un fémur. La historia fue relatada para ejemplificar las imprecisiones que se cometen en el rescate de restos óseos de sitios ilegales de inhumación y que son el origen de las dificultades para identificar y “armar” los cuerpos.

A lo anterior se suma la cantidad de restos óseos que son rescatados de las fosas clandestinas, la falta de personal y las dificultades para identificarlos de manera plena y así inhumarlos.

A finales de abril, al presentar el informe sobre atrocidades, la organización Causa en Común destacó el dominio de Jalisco en este tipo de hallazgos, pues de 298 casos nacionales en el primer trimestre de este año, 82 corresponden a la entidad; es decir, más de una cuarta parte del total.

Además, el año pasado Jalisco cerró como el estado con la mayor cantidad de cuerpos rescatados de fosas clandestinas y en algunos momentos también fue la entidad con más personas desaparecidas.

A pesar de esos datos y de que hablamos de personas, el tema nunca se ha abordado como una emergencia estatal. No se hizo en el gobierno del priista Jorge Aristóteles Sandoval y tampoco en el actual del emecista Enrique Alfaro. En todo caso, en ambos gobiernos la crisis simplemente se ha administrado.

La desaparición de personas está estrechamente ligada a las fosas clandestinas. Aunque la búsqueda en vida debe ser una prioridad, también es necesario apostar por la identificación de los cuerpos que aparecen en las fosas y, lo más importante, el cruce de datos con los colectivos de búsqueda.

Desde el año pasado, trabajadores del Servicio Médico Forense (Semefo) han denunciado la crisis que vive el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, ante el aumento en la carga de trabajo y la falta de personal especializado. Esta crisis, aunque ha sido rechazada por las autoridades, les fue enterada. Así lo demuestran los oficios de comunicación interna que El Diario NTR Guadalajara obtuvo vía transparencia.

En el anterior gobierno, la crisis se hizo evidente cuando un tráiler cargado de cuerpos se quedó varado en Tlajomulco de Zúñiga y se conoció que había dos vehículos de este tipo, los cuales se rentaron porque los cadáveres ya no cabían en las cámaras de refrigeración. En esa ocasión, el máximo de cuerpos que se acumuló fue de 800.

En las denuncias que trabajadores del Semefo hicieron a este diario, se habla de que el año pasado se alcanzaron los tres mil cuerpos almacenados. La causa principal del rezago, confirmaron, es la cantidad de secciones anatómicas rescatadas de fosas clandestinas.

Además, lejos de reforzar al equipo ante el incremento del trabajo, la Secretaría de Administración decidió reducir al personal, dejando áreas a la mitad, entre ellas la más importante, la Unidad de Procesamiento, que está conformada por peritos en criminalística.

Como consecuencia, en lugar de sacar adelante el trabajo, se optó por colocar las partes de los cuerpos que llegan desde las fosas clandestinas, sin identificar, en cajas de plástico que se amontonan en los pasillos de los refrigeradores para que no ocupen más espacio.

Si, es una realidad cruda. Los cuerpos son sacados de las fosas y amontonados en cajas como si se tratara de piezas de objetos desechables.

Como si no fueran partes del cuerpo de una persona que alguna vez tuvo un proyecto de vida, que alguna vez fue importante para alguien, que seguramente es buscada por alguien. La crisis del forense es así una forma de hacer más daño a las víctimas.

soniassi@gmail.com

jl/I