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Pensamiento único

Son los modelos los que crean los paternalismos, las dictaduras para la libertad y en nombre de la libertad

Leopoldo Zea

 

La caída del muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética, la configuración de la Unión Europea, el vaticinio del fin de la historia (Fukuyama) y la globalización de la economía a partir del Consenso de Washington motivó que el director de Le Monde Diplomatique escribiera un artículo donde acuñó el concepto de “pensamiento único”; esto es, la preeminencia de la ideología neoliberal. A partir de entonces, tanto los globalifóbicos como los académicos de izquierda hicieron suyo el concepto para arremeter contra el pensamiento neoliberal. 

Posteriormente, con el arribo al poder, principalmente en Europa, de partidos de izquierda, el término fue revertido por Nicolas Sarkozy para calificar al pensamiento izquierdista, al que tachó de hipócrita. En un discurso pronunciado dijo: “Hoy hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. De esos que el pensamiento único es el del que todo lo sabe”. 

Tanto los discursos de izquierda como los de derecha recurren a este pensamiento único para intentar socavar el pluralismo a partir de la imposición de ideologías dogmáticas y de retóricas destempladas. Emprender la reconstrucción de la historia de forma parcial e imponer una sola visión con narrativas fundamentalistas desde el poder político son también expresiones de pensamiento único: es contrario al pensamiento crítico que reiteradamente se demanda de los estudiantes para ejercer su integridad y libertad de pensamiento. 

Son las universidades –y gracias a ellas– las que han sido gestoras y depositarias de las ideas revolucionarias del pensamiento y del mundo de la realidad social. Junto con el ejército y la iglesia, es la institución que por siglos ha sobrevivido al vaivén de las transformaciones sociales. Por ello, la universidad es el último lugar donde el pensamiento único pueda tener cabida. La libertad de cátedra, la autonomía y la creatividad intelectual estarían condenadas a muerte si una ideología, dogma o religión se enquistara en una institución de educación superior. 

Claro que en las aulas encontramos profesores que usan el estrado magistral para promover –indebidamente– sus muy personales credos políticos, contrario a lo que ya señalaba Max Weber: “Me parece de una absoluta falta de responsabilidad que el profesor aproveche estas circunstancias para marcar a los estudiantes con sus propias opiniones políticas, en lugar de limitarse a cumplir su misión específica, que es la de serles útil con sus conocimientos y con su experiencia científica”. 

Entonces, ¿cuál es el trasfondo de los reiterados ataques del presidente de la república contra la UNAM y la UdeG? En días pasados, se presentó en la Universidad de Zacatecas la Concepción y Ruta Crítica para el Proceso de Reforma, que pretende ser un modelo piloto para, eventualmente, implantarla en todas las universidades del país: “representa una ruptura radical, contrario a un modelo de universidad que se había instalado entre nosotros… que nos arrastra hacia el positivismo y el neopositivismo”, dice el subsecretario de educación superior, Luciano Concheiro Bórquez, y que en la actualidad lo único que hacen las universidades “es vender nuestra alma al diablo”. 

¿Será que la embestida contra las universidades por parte del gobierno federal es para implantar en ellas un pensamiento único, su visión ideológica de cómo debe ser la educación superior? ¿Será acaso el inicio de una ofensiva contra la autonomía universitaria? 

iortizb@gmail.com

jl/I