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Entre amlovers y haters: México bipolar

Vivimos en un país más que polarizado, bipolar, en el sentido psiquiátrico del término. Si bien una parte de la población vive deprimida y enfurecida con Andrés Manuel López Obrador y su actuar como presidente de la República, la otra –la mayoría, según los más recientes estudios– celebra sus formas, sus causas y su discurso con el ánimo muy alborotado. En las dos orillas hay obsesión. 

Al igual que con la vacuna contra el Covid-19, AMLO como tema de conversación es ave de tempestades, capaz de poner a pelear a familias enteras, disolver amistades y hacer explotar las redes sociales y los chats de WhatsApp. Lo peor es que ambos bandos suenan cada vez más inmersos en sus “trastornos”, afirman tener la razón, y el medicamento que proponen para curar el cuerpo nacional de sus males actuales e históricos contiene medidas extremas que no pasan, ni de chiste, por la conciliación y el diálogo. 

Atinar quién tiene la razón es una misión imposible y absurda; la evaluación de la realidad política y social lleva consigo una enorme carga de subjetividad, sin embargo, podríamos tener elementos para suponer que tanto los depresivos como los maniacos tienen razones y argumentos para justificar sus actitudes. El problema es, quizá, la cantidad que representan unos y otros. 

El bando de los depresivos casi siempre dispara algunos de estos argumentos para externar su angustia y enojo. De diciembre de 2018 a septiembre de 2021 fueron asesinadas en el país más de 100 mil personas, 2 mil 800 fueron feminicidios. El crecimiento económico no existe. Según una nota aparecida en la revista Proceso, el PIB acumulará un crecimiento de apenas 0.9 por ciento entre 2019 y 2022, es decir, un promedio de 0.22 por ciento de crecimiento real en cada uno de los cuatro años. 

El aeropuerto de Santa Lucía es un capricho que saldrá caro. Si a esto le añadimos las actitudes beligerantes de AMLO contra el feminismo, la libertad de prensa, la UNAM, los organismos autónomos, la sociedad civil organizada, los empresarios, la clase media, los académicos y el desprecio general por todo lo que no quepa en la 4T, incluida la oposición, las razones de los haters contra el presidente cobran sentido. 

Del otro lado, en el bando de los maniacos, también se esgrimen razones poderosas para justificar su fervor. La gran franja de beneficiarios de los programas federales pertenece a familias que habían tenido muy poca o nula atención de parte del presupuesto federal, hoy reciben becas, apoyos e incentivos que hacen sintonía con el lema favorito del presidente. Este segmento de pobres y miserables –aún en los momentos de mayor crecimiento del PIB– siguió aumentando. De acuerdo con el Presupuesto de Egresos 2021, este año se destinarán casi 304 mil millones de pesos a 11 programas sociales. 

Por otro lado, a buena parte de los lovers del presidente los tiene sin cuidado el trato que éste le dé a la sociedad civil organizada, a los empresarios, a los académicos y no se diga a la oposición. Al contrario, la inmensa mayoría culpa a los hombres de negocios y al PRIAN de la situación que viven en la actualidad. Y, en parte, tienen razón. 

En este complejo escenario el presidente de la República alcanzó 64 por ciento de aprobación, con una desaprobación de 35.6, de acuerdo con el más reciente estudio de Consulta Mitofsky publicado el 2 de noviembre pasado. La encuesta destaca un dato que llama la atención: la aprobación de AMLO mantiene números rojos entre los empresarios, 55 por ciento lo reprueba, sin embargo, 78.2 de las mujeres y hombres que se dedican al campo lo aprueban. Esta puede ser una de las claves para entender por qué la versión de país de los lovers sigue prevaleciendo en el lenguaje electoral de cara a 2024. 

juanluishgonzález@gmail.com

jl/I