Jalisco enfrenta un repunte en trastornos de ansiedad y depresión agravado por secuelas de la pandemia y el uso temprano de dispositivos digitales, advirtió en entrevista para Perspectivas, en UDGTV, el director del Instituto Jalisciense de Salud Mental (Salme), Sergio Javier Villaseñor Bayardo.
De acuerdo con el especialista, la demanda de atención en salud mental ha crecido de forma sostenida, con especial incidencia en población de entre 20 y 40 años.
“Hay que diferenciar cuando la persona está triste en un día o dos, o está en duelo porque fallece un ser querido. En la depresión mayor es más de dos semanas que la persona está presentando cambios: primero, pérdida de la motivación, todo le da igual, ya no disfruta la vida como antes. Pérdida de la motivación más sentimientos de tristeza la mayor parte del día, durante más de dos semanas, estas son las claves iniciales”, afirmó.
El funcionario explicó que el sistema estatal opera con tres niveles de atención: el primero, enfocado en detección temprana y psicoterapia, funciona a través de 20 unidades de psicoterapia; el segundo, en tratamiento especializado con psiquiatras, y el tercero, en hospitalización para casos graves como ideación suicida o psicosis.
Villaseñor Bayardo advirtió que la depresión mayor debe atenderse oportunamente para evitar complicaciones. Entre los principales signos están la pérdida de interés en actividades cotidianas, alteraciones del sueño, cambios de peso, fatiga extrema y sentimientos de culpa o inutilidad.
En caso de no recibir tratamiento, dijo, los pacientes pueden evolucionar hacia cuadros más severos, incluso con ideación suicida.
Respecto al tratamiento, el director rechazó mitos sobre la psiquiatría. Aseguró que los medicamentos actuales son seguros y no buscan sedar a los pacientes, sino mejorar su funcionalidad; además, no todos generan dependencia, aunque algunos como las benzodiacepinas deben utilizarse bajo supervisión médica.
Sobre el uso de tecnología, alertó que la exposición temprana a celulares y tabletas puede afectar el desarrollo cerebral, por lo que recomendó evitar estos dispositivos antes de los 12 o 14 años y limitar su uso en adultos, especialmente por su impacto en la calidad del sueño.
Finalmente, advirtió que la violencia y la desinformación en redes sociales incrementan los niveles de estrés en la población, incluso entre personas que no han sido víctimas.
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