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El museo de sitio de Palacio de Gobierno

Los museos son parte esencial y transformadora de una ciudad y sus habitantes, recintos que albergan y cumplen una misión fundamental en la preservación e identidad de nuestros antepasados y civilizaciones más remotas de la historia a través del tiempo. Son la formación complementaria de las personas en todos los países del mundo; a través de ellos conocemos las historias que nos llevan a épocas inimaginables y mundos maravillosos de personajes y civilizaciones únicas e irrepetibles, tanto del pasado como del presente. Su vocación es preservar, exhibir y promover el patrimonio cultural y científico de las naciones tanto en investigación y educación de sus visitantes.

Durante el gobierno del panista Emilio González Márquez, en el periodo de 2007 a 2013, el Museo de Sitio de Palacio de Gobierno albergó uno de los museos más jóvenes de la ciudad. Este recinto era un museo diferente al ser de carácter multimedia y didáctico, y sus ochos salas de exposición versaban sobre tres ejes temáticos: la historia del edificio que lo albergaba, la historia de la región agavera y la fundación de Guadalajara.

Los visitantes disfrutaban el recorrido conociendo datos acerca del proceso y los episodios históricos que llevaron a la construcción del emblemático, bellísimo y arquitectónico edificio del palacio de gobierno, para continuar en la planta baja del recinto con grandes pantallas que mostraban la región agavera de Jalisco, situada entre el Volcán de Tequila y el Río Grande de Santiago, abarcando municipios como Amatitán, El Arenal y Tequila. En una de sus salas se presentaban hermosas pencas de maguey en vidrio soplado alumbradas con luces multicolores; se daba cuenta de apasionantes historias ocurridas en la región, mientras que en botellas artesanales y de gran belleza y originalidad se exhibían el tequila ya procesado de diferentes tequileras de Jalisco.

El museo contenía también la historia de Guadalajara, su folclor, sus comidas y vestimentas, así como daba cuenta de frases célebres de compositores y cantautores de la región. Se hacía énfasis en los destacados e importantes intelectuales jaliscienses como Juan Rulfo, Juan José Arreola, Agustín Yáñez y otros más.

Era un museo diferente y atractivo, con salas donde se enmarcaba también la Revolución mexicana; las leyes de Reforma con su benemérito Benito Juárez; se mostraba la recámara del general Porfirio Díaz y objetos que adornaban sus aposentos. Destacaba un mapa antiguo de la ciudad de Guadalajara sobre el piso de una de las salas, que estaba hecho de mosaicos de vidrio con luces, sobre el cual se podía transitar con libertad. En otras salas llamaba la atención la presencia de teléfonos antiguos muy gustados por los niños, porque al levantar sus auriculares una voz les contaba con facilidad la historia de la ciudad.

Un dato curioso es que el museo tenía como emblema un gato que vivió muchos años como inquilino del palacio y fue testigo durante un largo periodo, de visitas de locales y extranjeros. Además de haber sido sede de la vida política de Jalisco al haber albergado al Congreso del Estado, el palacio de gobierno y su Museo de Sitio se convirtieron en el corazón que daba cuenta de la cultura de Jalisco, siempre cobijado por una de las más grandes obras del gran pintor y muralista José Clemente Orozco, el Hidalgo Incendiario.

El museo cerró sus puertas con la llegada de Giovana Jaspersen a la Secretaría de Cultura, en la administración del gobierno de Enrique Alfaro Martínez. Ojalá pueda reabrirse tan bello e importante espacio.

 

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