En 1940, el filósofo y crítico judío alemán Walter Benjamin escribió sus famosas “Tesis sobre la filosofía de la historia. En su tesis IX nos habla del cuadro de Paul Klee, pintor suizo, titulado ‘Angelus Novus’. Interpretándolo dice que ve al ángel nuevo, al “Ángel de la historia” como él lo nombró, en el momento que pretende alejarse de algo que le asusta, y por ello se ve con los ojos desencajados, la boca abierta, las alas tendidas y con la cara vuelta hacia el pasado. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. Esa tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso.
Para mentes extraordinarias como la de Benjamin, hace más de ochenta años ya intuían que este sistema desarrollista sin fin, irrespetuoso de todo lo natural, nos llevaría al colapso. A su obra se le crítico mucho y lo menos que se dijo de ella es que era una visión pesimista y apocalíptica, tanto de la historia como del futuro. Y pues ni a ese llamado temprano ni a muchos otros que se han planteado después se ha hecho caso.
Pienso que la de Benjamin era más bien una visión realista que, buscando entender el fascismo de antes, cuestionaba el mito generalizado del futuro y bienestar siempre prometido por el progreso. Por esa vía hace algunos años llegó el colapso. La destrucción de la Madre Tierra sube de intensidad y ésta, en su defensa, responde y nos grita, con lluvias torrenciales, con sequías, con sismos, con sunamis, con fríos y golpes de calor, con epidemias, que paremos el extractivismo, que está en su límite, pero, a pesar de todo, sigue dominando la ideología del progreso por encima de la urgencia de preservar la naturaleza.
A contrapelo de esta realidad, los negacionistas actuales que se han enriquecido como nunca, y que se han hecho del poder, van a mayor profundidad y a nivel global despojan, por invasión militar o compra forzada, de las energías fósiles, de los bienes comunes naturales, de los minerales y tierras raras.
Han acumulado capitales que nunca podrán agotar y, sin límite alguno, van también por las energías fósiles. Pareciera que a pasos acelerados preparan su fuga a otros planetas ya ubicados. Y esta podría suceder cuando les quede claro que ya agotaron, que ya destruyeron al planeta Tierra y que disponen de la tecnología y las energías suficientes para abordar sus cohetes y en ellos, cómodamente y brindando, llegar a esos planetas a repetir su historia de colonización y destrucción.
Sí, sé que parece ficción, pero está dentro de las posibilidades. La pregunta es, ¿y nosotros, todos los demás, los que no formamos parte de ese uno por ciento de los milmillonarios ni compartimos su ideología ni su proyecto de destrucción, qué estamos planeando hacer de cara a este presente/futuro?
NH/I









