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El ocaso de la CTM

No suelo ocuparme de los temas del poder. Hago esta omisión porque se trata de un poder que ya no es lo que fue. Ahora está tan deslavado que poca importancia tiene en aquellas decisiones que dentro del sistema se consideran importantes. Me refiero al caso de la CTM, esa organización corporativa que en el ocaso del siglo 20 aún tenía el poder para destapar cada seis años a quien sería el próximo presidente de México.

La CTM entraña otra larga y truculenta historia, de esas que abundan en las páginas del sistema político mexicano. Está próxima a cumplir un siglo, pero, a pesar de su longevidad esta central sindical solo ha tenido seis secretarios generales: Vicente Lombardo Toledano (1936-1942); Fidel Velázquez, (1941-1947; Fernando Amilpa (1947-1950); nuevamente Fidel Velázquez (1950-1997); Leonardo Rodríguez Alcaine (1997-2005); Joaquín Gambio Pascoe (2005-2016) y Carlos Aceves del Olmo (2016). Este último, sin haber fallecido, faltando a los usos y costumbre de esta organización de despedir a sus dirigentes en la funeraria, ha anunciado su deseo de no reelegirse. Sonaron las alarmas porque nunca había sucedido así.

Como es sabido la CTM nació en los tiempos cuando el general Lázaro Cárdenas era presidente de México y fortaleció el corporativismo sindical, una de las peores prácticas de la cultura política del sistema de control y dominación social. Todos los sindicatos que se incorporaron a ella, en automático fueron afiliados al partido en el poder, en ese momento el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), fundado en 1938, apenas dos años antes. Luego, en 1946, esa práctica fue heredada gustosamente el PRI.

Cuando nació la CTM, en el país había un gran proceso de organización entre obreros y campesinos. Y desde arriba se decidió que los obreros, la mayoría, debían ser afiliados a ella CTM, y ello, en paralelo, significó la derrota de los sindicalistas anarquistas y comunistas que habían confluido en su construcción. Las resistencias ofrecidas no fueron suficientes para contener al corporativismo.

Por décadas supusimos que este terminaría sacando al PRI de la presidencia. Fue una tesis incorrecta, entre otros factores porque después que eso sucedió, todos los partidos políticos, sin importar sus colores, y los sindicatos, se han dedicado a reproducirlo eficientemente. 

Comparada con lo que fue, hoy la CTM es una especie de entelequia. Por ello, seguro entre los viejos dirigentes cetemistas, ahora aparentemente divididos, cuando se reúnen, en estos momentos con motivo de la renuncia inesperada de del Olmo, para decidir una “planilla de unidad”, con melancolía, se preguntarán: ¿se acuerdan cuando destapábamos a los candidatos presidenciales del PRI? Ernesto Zedillo fue el último. Y con una sonrisa socarrona, venciendo los ataques de tos, pero sin dejar de fumar puros al estilo Fidel Velázquez, continuarán recordando con orgullo cuando inventaron la teoría del “fraude patriótico” para justificar el fraude electoral, la cláusula de exclusión y boletinar a todos los trabajadores que demandaban democracia sindical. Se regodearán celebrando su maestría para realizar asambleas sindicales amañadas y su genialidad para nombrar dirigentes vitalicios. Entre carcajadas recordarán cuando le prometieron a Salinas de Gortari 20 millones de votos y no le cumplieron.

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jl/I

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