Creo que la narrativa kafkiana es universal en todas las oficinas del mundo.
Pasa siempre con los mismos ingredientes: un sistema de burocracias desquiciantes e impenetrables, una sociedad que aspira a dominarlo, que se esmera más allá de sí misma para llevar a sus individuos a la cima por encima de sus compatriotas. Un equilibrio absoluto sostenido por la vigilancia mutua en la que nada cambia porque nadie puede cambiar por sí solo.
Esto, para la mayoría de las personas que experimentan el trabajo burocrático, es una constante. El vértigo que causan los trabajos inútiles que nos enferman ahora es la norma.
De esa decepción asfixiante del mundo burocrático es de la que habla la autora española Sara Mesa en ‘Oposición’, una novela breve que explora este mundo absolutamente normal y absolutamente terrible a través de los ojos nuevos de una mujer que está entrando a él por primera vez.
El libro se publicó en Anagrama el año pasado.
La narradora de la novela ha conseguido un puesto de interina en una oficina administrativa y debe afrontar una cadena aparentemente eterna de sinsentido.
Nadie sabe lo que se supone que debe hacer en su nuevo empleo, no le asignan trabajo y cuando por fin lo hacen parece absolutamente inútil. Inmóvil. Una ocurrencia que finiquita en unas horas.
Las jerarquías no atienden las tareas necesarias para que su trabajo sea requerido y eficaz, el edificio en el que trabajan es laberíntico, incomprensible y todos a su alrededor parecen esforzarse demasiado para una labor que parece no servirle a nadie.
Sobre todo, nadie se comunica con ella en buena parte del tiempo que pasa allí cumpliendo su turno y ganando un salario que le parece injusto –debido a su inactividad–.
Esta falta de comunicación tan aparentemente oficial la empuja, eventualmente, a incurrir en un engaño. En una forma demasiado diminuta de corrupción que de la noche a la mañana pone en marcha una grieta que atraviesa el cotidiano de la oficina.
Es una forma de burlar al sistema mínima, que en la realidad no afecta a nadie. No tiene consecuencias financieras, no se han drenado recursos públicos y, de hecho, las cifras se han elevado positivamente, como se esperaba de ella y sin embargo, la burla única hace el caso de la protagonista punible.
Eso es lo más aterrador de adentrarse irremediablemente en el engranaje incierto del sistema. Una vez adentro, la única salida posible es renunciando a lo otro: a la posibilidad del dominio, de la cima. De lo que hemos llamado éxito.
No importa cuántas veces se cuente la historia. No importa cuántas veces los autores intenten desmantelar los andamiajes que siguen manteniendo al poder. Entrar adentro es ser engullido. Es ser despojado de la posibilidad de pensar distinto, de accionar distinto, de encontrar mejores soluciones.
Es tan sencillo. Ocurre, sí, en la función pública pero también en los grandes corporativos que persiguen objetivos simples para mantenerse en funcionamiento, útiles pero sin filo, en una repetición endemoniada que mantiene cientos de familias.
¿Qué hacer?
¿Uno solo puede ser testigo de cómo estas estructuras fulminan al espíritu? ¿Cómo escaparse si mantenerse callados, aceitando el mismo engranaje del mismo trabajo jornada tras jornada es lo que mantiene el pan en la mesa?
Lo que me hizo reflexionar esta lectura es la inocencia frágil y gentil con la que la protagonista entra al estómago de este monstruo, no pensando que lo va a cambiar, no pensando que le va a dar la vuelta, sino intentando comprenderlo, hacerle sentido en un sinsentido eterno.
La mayoría de los días que pasa en la oficina, se pregunta constantemente sobre la monotonía, sobre la inmovilidad. No quiere destruir al sistema para que por fin, algo funcione, mejore o se resuelva en los procesos de la función pública. Solo quiere entender qué hace ahí. Qué se espera de ella.
Para el final del libro, ninguna de estas preguntas se responde.
Quizá porque para que esto siga funcionando es absolutamente necesario que no lo sepas, que el trabajo individual, en sí mismo, no sea suficiente para resolver las preguntas fundamentales de un trabajo inútil.
GR









