Desde hace algunas décadas el agotamiento del suelo en Guadalajara provocó una expansión metropolitana acelerada y, mientras tanto, el Centro Histórico perdió población y actividad económica.
Así lo señala el estudio Ciclo de vida de la ciudad de Guadalajara. Análisis desde el modelo de desarrollo urbano moderno hasta los inicios del modelo de desarrollo sustentable, del doctor en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad por la Universidad de Guadalajara (UdeG) Daniel Isaac Jiménez Sánchez.
De acuerdo con el trabajo, desde los años 70 el agotamiento del suelo en Guadalajara detonó una expansión metropolitana acelerada. Municipios como Zapopan, Tlajomulco de Zúñiga y Tonalá absorbieron el crecimiento habitacional, en muchos casos sin infraestructura suficiente, y el resultado fue una ciudad fragmentada: zonas de alta plusvalía al poniente y grandes conjuntos de interés social al sur y oriente
En contraste, el Centro Histórico perdió población y actividad económica. La salida de las clases medias dejó vacíos urbanos, deterioro del espacio público y una percepción de inseguridad que desincentivó la inversión durante décadas.
Los datos del estudio también dan cuenta de que el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) triplicó su población entre 1970 y 2020 y, en contraparte, el municipio central registró hoy una tasa de crecimiento negativa. Aun así, Guadalajara concentra alrededor del 50 por ciento de los empleos metropolitanos, pero buena parte de la vivienda social se localiza a más de una hora de distancia.
Asimismo, revela que cerca del 15 por ciento de los habitantes del AMG dedica más de tres horas diarias a traslados, lo que implica una pérdida en tiempo no remunerado y un aumento en el estrés, la contaminación y la desigualdad.
Frente a este escenario, un avance en las últimas tres décadas fue el impulso de proyectos de transporte masivo como el tren eléctrico urbano, las líneas de autobús de tránsito rápido (BRT, por sus siglas en inglés) y la expansión de ciclovías, así como las políticas de redensificación y desarrollo orientado al transporte.
Pese a los avances, Jiménez Sánchez advierte que la construcción de vivienda vertical en zonas centrales, dominada por el mercado inmobiliario con torres de alto costo, eleva rentas y desplazan a residentes tradicionales. Ante la problemática el investigador constató la existencia de programas públicos de rehabilitación urbana, pero sostuvo que han quedado inconclusos o limitados por falta de financiamiento y conflictos de interés.
“La construcción de una ciudad más justa y eficiente requiere de un compromiso conjunto entre gobiernos, académicos, sectores productivos y sociedad civil con el fin de materializar una visión de desarrollo urbano alineada con principios de sostenibilidad e inclusión”, concluye el estudio.
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