Hace unas semanas el presidente de EUA anunciaba en Davos la creación de un Consejo de Paz, presidido por él, para lograr la estabilidad en Gaza y en otras regiones del planeta. Dicho consejo tiene como objetivo controlar la agenda internacional, administrar los fondos intergubernamentales y vetar decisiones del Consejo de Seguridad cuando sea necesario.
El nuevo “consejo”, respaldado por 19 jefes de Estado a quienes Trump considera sus amigos, estaría financiado por los millones de dólares que tendrían que aportar los países integrantes durante el primer año de su funcionamiento. Así Trump crea su propia entidad para resolver conflictos internacionales, desde una visión unilateral que se presenta como universal, poniendo en entredicho la existencia misma de la ONU. ¿Fue la forma de responder al no haber sido galardonado con el Nobel de la Paz?
Días después, en otro escenario, el portorriqueño Bad Bunny enaltecía la riqueza multicultural de los pueblos que habitan el continente americano, trastocando la perspectiva hegemónica y racista que busca imponer el magnate norteamericano. Dos perspectivas antagónicas en la forma de pensar las relaciones entre los seres humanos.
La paz es un valor que nunca puede imponerse. Es una construcción permanente, colectiva e histórica que asume la importancia de la conversación racional y argumentada, desde una perspectiva ética que ayude a esclarecer qué es lo mejor, para el mayor número de personas posible, al plazo más largo posible. Nunca la imposición de una verdad mediante amenazas o castigos.
Por otro lado, en diferentes contextos, no es raro escuchar frases que aluden a una visión mesiánica de la paz: se pide, se implora, se ruega al cielo que llegue. Surgen entonces “salvadores” que ofrecen “seguridad” propiciar el “bienestar social” o imponer el “orden y progreso”… a cambio de unos cuantos dólares. Mas aún, para muchos actores sociales la construcción de paz no es algo que les quite el sueño mientras su tranquilidad económica este bien protegida. ¿Deberíamos seguir esperando la llegada del reino de la paz? ¿Los estados y sus instituciones podrán gozar de nuestra confianza algún día como garantes de la paz que necesitamos?
En 1992 el secretario general de la ONU cuestionaba el enorme gasto que representaba mantener la paz en el planeta y proponía involucrar todos los pueblos y naciones en su construcción. Todos intuimos en que consiste la convivencia pacífica porque la hemos experimentado en una charla con amistades, al dar y recibir cariños, al compartir la vida con otras especies. Sabemos que contamos con capacidades para el entendimiento mutuo, para afrontar constructivamente los disensos, para reconocer la riqueza que se encierra en la diversidad.
La Paz no llega, ni llegará por decreto. Surge en la coordinación de acciones colectivas que logramos a través de palabras y conversaciones, de explicar y comprender cómo experimentamos, pensamos y valoramos tanto las relaciones humanas como los vínculos con las especies no humanas.
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