A través del estudio Apego al lugar y emociones en dos luchas por la defensa del territorio en Jalisco, la investigadora Daniela Gloss Núñez documentó que el miedo, el dolor y la impotencia no sólo acompañan los conflictos socioambientales en Jalisco, sino que también son un campo central de disputa política.
El trabajo de la académica del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) contempla el periodo entre 2017 y 2020, y considera las luchas en torno a una red de defensoras del territorio en poblados del Sur y Altos de Jalisco y a un colectivo que lucha contra la contaminación de la cuenca Lerma-Santiago.
El estudio concluye que el apego al lugar, entendido como el vínculo emocional y simbólico con el territorio, es un recurso clave que se reconfigura en contextos de violencia ambiental, contaminación y despojo. La autora explica que, lejos de desaparecer, este vínculo se transforma y sostiene la acción colectiva a largo plazo.
La investigación añade que la degradación ambiental y las violencias asociadas generan emociones dominantes como el miedo, el dolor y la impotencia, mismas que pueden paralizar a las comunidades; sin embargo, tanto la red de defensoras como quienes luchan conta la contaminación en la cuenca Lerma-Santiago han desarrollado estrategias para cultivar emociones de resistencia, como el amor al territorio, la esperanza y la solidaridad.
Dichas emociones no sustituyen a las negativas, sino que coexisten con ellas en lo que el estudio denomina baterías morales: combinaciones de sentimientos opuestos que permiten sostener la lucha en escenarios adversos.
En el caso de la red de defensoras, Gloss Núñez detalla que está integrada principalmente por mujeres de comunidades que enfrentan los efectos del modelo agroindustrial y las violencias patriarcales. Su resistencia se articula desde la agroecología, el autocuidado y la defensa del “cuerpo-territorio”.
En tanto, el colectivo Lerma-Santiago, activo desde 2005 en la cuenca Lerma-Chapala-Santiago, combate la contaminación del río Santiago, considerado el más contaminado del país, así como el desarrollo inmobiliario irregular y las graves afectaciones a la salud por metales pesados.
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