A lo largo de más de un siglo Guadalajara ha pasado de ser una ciudad compacta e industrial a una metrópoli fragmentada, con profundas brechas sociales y territoriales.
Así lo señala el estudio ‘Ciclo de vida de la ciudad de Guadalajara. Análisis desde el modelo de desarrollo urbano moderno hasta los inicios en modelo desarrollo sustentable’, autoría del investigador Daniel Isaac Jiménez, de la Universidad de Guadalajara (UdeG), y el cual está basado en el modelo de ciclo de vida urbano e identifica cuatro etapas: urbanización, suburbanización, desurbanización y reurbanización.
Actualmente, explica el académico, la ciudad se encuentra en una fase de transición hacia un esquema sustentable, aunque enfrenta obstáculos estructurales.
Destaca que durante la primera mitad del siglo pasado la capital jalisciense creció bajo un modelo modernista. Colonias como Americana y Moderna reflejaron esos principios, mientras que el tranvía articuló una ciudad densa dónde la vivienda e industria coexisten; sin embargo, a partir de mediados del siglo pasado el auge del automóvil impulsó la expansión hacia la periferia y se consolidó una metrópoli intermunicipal.
Posteriormente, menciona Jiménez, el proceso derivó en una marcada segregación: el poniente concentra servicios, infraestructura y vivienda de alta plusvalía, mientras el suroriente agrupa conjuntos de interés social con carencias en conectividad y servicios.
Agrega que la desigualdad también se expresa en la movilidad, pues se estima que alrededor de 730 mil personas destinan más de tres horas diarias a traslados, principalmente desde la periferia hacia zonas centrales.
En respuesta, en las últimas décadas se han impulsado proyectos de transporte masivo como el Tren Ligero y sistemas de autobús de tránsito rápido (BRT, por sus siglas en inglés), así como políticas de movilidad activa; no obstante, señala el especialista que estos esfuerzos no han logrado revertir la lógica de expansión dispersa.
A lo anterior se suma que la redensificación del centro enfrenta críticas por favorecer la gentrificación. En la zona los nuevos desarrollos verticales han elevado costos y desplazado a residentes tradicionales sin integrarse plenamente a un modelo de ciudad accesible.
Al final, Jiménez expone que el futuro del desarrollo urbano de Guadalajara “dependerá en gran medida de la capacidad de sus instituciones y sociedad para articular estrategias que promuevan una mayor cohesión territorial, movilidad sustentable y equidad en la distribución de recursos urbanos”.
NH









