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Guadalajara, la insegura

Guadalajara es una ciudad insegura. Quienes vivimos aquí lo sabemos. Para mayor claridad, los tapatíos lo manifestaron en la última encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Según los datos de la última actualización, nueve de cada 10 habitantes en la capital de Jalisco se sienten inseguros.

El porcentaje de percepción de inseguridad aumentó en la ciudad 10 puntos porcentuales respecto a la anterior medición. Es el momento de mayor sensación de inseguridad para los habitantes de Guadalajara.

A las autoridades los datos que dio a conocer el Inegi de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu) no les gustaron. Pero en lugar de llamar a una reunión urgente para redefinir la estrategia de seguridad en el municipio, los esfuerzos se enfocaron en un operativo para desarticular la difusión de la encuesta. Es decir, lo que importa no es que los ciudadanos se sientan inseguros, sino que lo sepa el menor número de personas posible.

La pretensión de silencio resulta absurda, pues los datos surgen de la opinión de esos mismos ciudadanos que han tenido que realizar cambios radicales en sus hábitos de vida para evitar, no siempre con éxito, ser víctimas de la delincuencia.

Es cierto que los hechos violentos del 22 de febrero pasado, tras la muerte del líder del ‘Cártel Jalisco Nueva Generación’ (‘CJNG’), Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’, causaron un impacto importante entre los ciudadanos, pero también lo es que la vida de los tapatíos cada vez está más acotada por la violencia.

Basta revisar nuestro entorno para darnos cuenta lo que la ciudad ofrece. Uno de los cambios que han llegado a nuestras vidas es la geolocalización en tiempo real de nuestros seres cercanos. Ya no se trata solo de la familia nuclear. Las redes de geolocalización ahora abarcan a nuestras familias ampliadas, nuestros amigos y los amigos de nuestros hijos, sobre todo cuando realizan trayectos y más si éstos son de noche.

Dejar un vehículo estacionado en la vía pública es tirar una moneda al aire para que no llegue el cristalazo o, peor aún, el robo de autopartes o del mismo vehículo. La misma sensación queda cuando salimos unos días de la ciudad y nuestra casa se queda sola.

Salvo las zonas comerciales o de bares y restaurantes, por la noche las calles de la ciudad se vacían cada vez más temprano. Caminar, acudir al cajero automático y muchas otras actividades ordinarias se vuelven una proeza cuando el sol se oculta.

Los negocios de 24 horas poco a poco fueron cerrando y ya solo queda una que otra farmacia que mantiene sus puertas abiertas. Las farmacias y tiendas de conveniencia que siguen funcionando, atienden a los clientes a través de ventanitas. Las tiendas de autoservicio renunciaron a abrir las 24 horas.

La inseguridad se ha colado poco a poco en nuestra vida. Si revisamos, seguramente nos daremos cuenta de otros hábitos más que hemos cambiado para mantener nuestro patrimonio y sobrevivir sin formar parte de las estadísticas de delitos.

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jl/I

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