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Deportes y literatura

Cuerpo sano en mente sana decían los antiguos griegos para mostrar sus preferencias tanto por la práctica de actividades físicas como de las intelectuales. En alguna etapa de la historia se empezaron a separar el ejercicio del deporte y la práctica de la literatura, e incluso en algunas épocas hubo quienes las consideraron como antagónicas. Nada más lejano, en los estereotipos, que un bohemio escritor romántico del siglo 19 junto a un disciplinado deportista de alto rendimiento. No coinciden ni en el mismo tiempo del día; a la hora que el primero se acuesta después de una noche de tabaco, alcohol y poesía, el segundo se está levantando para hacer sus primeras prácticas con las primeras luces de la mañana.

Junto con los medios de comunicación se desarrolló el ‘homo videns’, aficionado a ver el deporte como un espectáculo masivo. No hay, en la actualidad, ninguna otra actividad humana que congregue tantos seres humanos viendo el mismo encuentro; sean los Juegos Olímpicos, el Mundial de Futbol, la Serie Mundial o el Supertazón. No podemos entender a la sociedad de la segunda mitad del siglo 20 sin los espectáculos deportivos que congregan a unos cuantos miles de privilegiados en el mismo lugar, y millones que los siguen por la televisión.

Son muy pocos, en la historia, los que han sido extraordinarios practicantes del deporte y la creación literaria. Sin embargo, para nuestra fortuna como aficionados a algunas prácticas deportivas, por la televisión, y literarias por los libros; cada vez hay más casos de buenos escritores, quienes son también aficionados al deporte y escriben sobre su gusto. Algunos ejemplos son muestra de lo anterior. Con el hermoso título de ‘Salvajes y sentimentales’, el escritor fallecido hace cuatro años, Javier Marías, reunió una serie de piezas futbolísticas en las que está presente la ironía y la buena prosa de este escritor español. Marías confiesa en su primer texto que el futbol es “una de las pocas que me hacen reaccionar hoy de la misma manera –exacta- en que reaccionaba cuando tenía diez años y yo era un salvaje, la verdadera recuperación semanal de la infancia”. Creo que Marías tiene razón; es muy difícil hacerse verdadero aficionado a un deporte en la edad adulta. A pesar de su indudable éxito entre las masas de casi todos los países, el futbol no es el único deporte que suscita pasiones salvajes y sentimentales. Los editores de la intelectual revista ‘The Newyorker’ suelen dedicar algún número del verano para publicar textos de buenos escritores y periodistas sobre temas deportivos, en especial el beisbol. Los escritores J.M. Coetezee y Pual Auster publicaron un libro titulado ‘Aquí y ahora. Cartas 2008-2011’ con su correspondencia en donde escriben de deportes (entre otras cosas). El origen de su interés por los deportes viene de sus respectivas infancias. Auster jugó de niño futbol americano y beisbol, mientras que Coetzee críquet y tenis. En la actualidad ambos son seguidores frecuentes en la televisión de los deportes que practicaron de niños. Y como nos pasa a muchos, a veces tienen sentimientos de culpa por dedicar la tarde a ver deportes en la televisión en lugar de estar leyendo. Entre nosotros Juan Villoro es el escritor que más habla y escribe de futbol. Ha publicado libros dedicados a este deporte: ‘Dios es redondo’ (2006) y ‘Balón dividido’ (2014), además de ser frecuente comentarista de televisión en tiempos de los mundiales. Muy probablemente lo vamos a ver en el ya próximo.

Deportes y lecturas pueden ser una buena combinación para sobrevivir el sopor de la tarde dominical.

*Profesor universitario jubilado y divulgador de ciencia y arte

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jl/I

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