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Guerrero, bajo fuego y abandonado

La rabia no nubla la claridad a Bernardina, indígena nahua del Consejo Indígena y Popular de Guerrero Emiliano Zapata (Cipog-EZ) y de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Pueblos Fundadores (CRAC-PF), cuando dice: “Por sufrirlo en carne propia, los pueblos de la Montaña Baja de Guerrero decimos que ¡ya basta de tanto dolor y de tanta muerte!, pero también: ¡ya basta de tanta indiferencia y desprecio!, porque al mismo tiempo que los grupos criminales nos atacan, nos matan, aterrorizan a nuestros niños, a nuestras niñas, los malos gobiernos se ríen de nuestro sufrimiento y sólo nos miran cuando están obligados a mirarnos, ya sea por su interés (cuando hay elecciones) o por su carrera política…”. 

Desde la década de los setenta del siglo 20 conozco algo de las múltiples historias de terror y dolor guerrerenses, y el dicho desgarrador de Bernardina demuestra que no obstante el paso de los años y los gobiernos con banderas y colores diferentes, todo sigue igual o peor. 

La estadística oficial ya señalaba a Guerrero como una entidad pobre. Como si esta fuera una maldición y no una construcción social. Era y sigue siendo así porque el Estado y el capital desde entonces empezaban a profundizar el proceso para configurarlo en otra geografía, como se dice ahora, terriblemente desigual o precarizada. El mejor ejemplo de la desigualdad era y sigue siendo el puerto de Acapulco donde la riqueza se exhibe brutalmente. Pero ahora se pretende despojar y apropiarse de todo el territorio.

Consecuencia de ello, la pobreza, el miedo, los procesos organizativos y las luchas sociales de resistencia, como vemos, son una constante. Las promesas del desarrollismo, de la democracia liberal y ahora del humanismo mexicano siguen chocando frontalmente con el domino de los caciques actuales de orígenes izquierdistas.

Coloquialmente solemos decir que las cosas siempre pueden estar peor y ese dicho se cumple puntualmente en Guerrero. Se asegura que estamos mejor, pero nada. Todo lo contrario. En el caso de Guerrero, desde la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa empezó a quedar claro que el crimen organizado había penetrado las estructuras militares y de gobierno.

Por ello, aunque desde octubre de 2021, en Guerrero, Evelyn Salgado Pineda, hija del polémico senador Félix Salgado Macedonio, se convirtió en la primera gobernadora (con a) de esta entidad, nada ha cambiado positivamente. Al contrario, todo ha empeorado tal y como lo están haciendo saber las comunidades bombardeadas y desplazadas.

Esta gobernadora junto con la secretaria de Gobernación, varios días después del 6 de mayo, cuando los pueblos fueron atacados impunemente por el crimen organizado que ahora invierte también en el negocio del extractivismo minero, por fin, hicieron acto de presencia y prometieron, de nueva cuenta, que harían lo que les corresponde. No dieron ninguna razón del porque no lo habían hecho. Pero no ha sido así. Volvieron a incumplir. Se tomaron la foto y no regresaron. No se ha vuelto a ver ni al Ejército ni a la Guardia Nacional a pesar de las órdenes explícitas de la presidenta Claudia.

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jl/I