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El santo de los sicarios mexicanos

En su novela ‘La Virgen de los Sicarios’, el escritor colombiano Fernando Vallejo sitúa como un eje central de su narrativa la violencia urbana en el mundo de las mafias y las drogas en Medellín. En su libro, que fue llevado al cine, señala cómo los adolescentes sicarios en tiempos del capo Pablo Escobar Gaviria tenían como devoción a la virgen María Auxiliadora. Antes de cometer un asesinato o enfrentarse a una situación de riesgo, los pistoleros se encomendaban a esa imagen religiosa en busca de su protección.

Si en Medellín la devoción de los sicarios era a la virgen María Auxiliadora, criminales mexicanos se encomiendan y piden su intercesión a San Judas Tadeo. En un fenómeno que ha sido estudiado por académicos, integrantes de la delincuencia organizado creen que el santo les puede dar protección ante el riesgo de morir o ser encarcelados.

En México la religiosidad popular, que alterna con la religiosidad católica institucional, tiene diversas expresiones. La devoción a San Judas Tadeo proviene de que se le considera patrono de las causas difíciles, desesperadas e imposibles. Procesiones, mandas, oraciones y celebraciones a finales de cada mes son ritos de los creyentes de quien fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo.

San Judas Tadeo es venerado en el templo de San Hipólito, en la Ciudad de México, y en Guadalajara tiene su recinto en la colonia Colinas de la Normal. La parroquia del también llamado “abogado de lo imposible” se ubica en la avenida Paseo de los Filósofos, a la que suelen llegar peregrinaciones.

En el mundo del narcotráfico y el crimen organizado en México, los sicarios no perciben o pretenden no percibir que es una contradicción cometer crímenes y generar violencia, y venerar a un santo que predicó el amor cristiano. Consideran que la figura les brindará, supuestamente, una especie de protección “espiritual”, además de que les da un sentido de identidad y pertenencia a un grupo o “hermandad”, como sucede con los cárteles ‘La Familia Michoacana’ o los ‘Caballeros Templarios’. Con su particular devoción justifican y buscan normalizar sus actos delictivos, y acallar su consciencia o diálogo interno.

En la narcocultura religiosa mexicana prevalecen creencias oscuras como la adoración de la “Santa” Muerte, cuyas efigies se venden en sitios como el Mercado Corona, de Guadalajara. O al bandolero Jesús Malverde, quien tiene en Culiacán una capilla donde sus seguidores depositan ofrendas. Las devociones incluyen a San Martín Caballero, quien supuestamente protege a comerciantes, el trabajo y las personas con necesidades económicas.

Las autoridades han encontrado elementos religiosos en narcofincas. Por ejemplo, en julio de 2022, en una casa de seguridad del ‘Cártel de Sinaloa’, en Topilejo, Ciudad de México, hallaron figuras de San Judas Tadeo. Incluso, una célula criminal adoptó el nombre del santo, como se descubrió en un cateo en noviembre de ese año, en Iztapalapa, también en la capital del país.

El papa Francisco señaló que los mafiosos incurren en una “adoración del mal”, que sustituye la fe por la idolatría de símbolos religiosos para fines criminales, y planteó que la verdadera devoción debe nacer del corazón y el amor al prójimo, e indirectamente condenó el uso utilitario de las imágenes religiosas de quienes siembran “muerte y destrucción”.

El pasado 22 de febrero, en la cabaña de Tapalpa en que fueron abatidos el líder criminal Nemesio Oseguera y ocho pistoleros, contrastaba el potente armamento con una mesita habilitada como altar con objetos y figuras religiosas; una, de la Virgen de Guadalupe; otra, de San Judas Tadeo.

X: @SergioRenedDios

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