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Migrar es un acto de amor sostenido en el tiempo

En Jalisco, como en muchas entidades del país, la migración no puede reducirse a estadísticas ni discursos oficiales. La movilidad humana tiene rostro, memoria y apellidos; está presente en las familias separadas durante décadas, en las comunidades sostenidas por remesas y en las historias de quienes abandonan su hogar. 

Migrar es la única respuesta posible frente a la precariedad, la violencia, la falta de oportunidades o la necesidad de reencontrarse con quienes partieron antes.

Pero hacer esta movilidad de forma irregular es cada vez más complejo y peligroso. El gobierno de Estados Unidos ha trasladado su frontera más allá de sus límites territoriales y ha endurecido su política migratoria. 

Hoy, la vigilancia se está ampliando a los aeropuertos, carreteras y estaciones de tránsito. La expansión de los controles biométricos, la presencia de agentes migratorios y el aumento de detenciones, son una clara evidencia de la coordinación entre México y Estados Unidos para contener y combatir la movilidad de los más vulnerables.

En meses recientes, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum expresó su preocupación por la muerte de connacionales bajo custodia de autoridades migratorias estadounidenses. Esos reclamos y notas diplomáticas contrastan con el silencio e indiferencia del gobierno de México frente a casos similares que ocurren en México. Acá también se ignoran, se invisibilizan, los reclamos de familiares y organizaciones de la sociedad civil que acompañan a las personas en movilidad en nuestro país.

Estas condiciones de desamparo son la oportunidad idónea para la operación de redes de trata, de falsos gestores que lucran con promesas de ofertas laborales engañosas y la obtención de visas y permisos temporales para establecerse en los Estados Unidos y Canadá, porque, aunque migrar sea más difícil, las personas continuarán haciendo la movilidad, comprometiendo no solo su patrimonio, también su seguridad y la de sus familias.

Lastimosamente, en ambos lados de la frontera no hay respuesta ni rendición de cuentas sobre las condiciones de detención, hacinamiento y muerte de personas que están bajo el resguardo de las autoridades.

Algunos programas de acompañamiento institucional, como son los de reunificación familiar que operan las Federaciones Jalisco USA o Jalisco Internacional en esta entidad y otros estados del país, muestran que sí es posible migrar de forma ordenada, legal y segura. Las historias de reencuentros de las madres e hijos y nietos separados durante décadas muestran que la migración también es un acto de amor sostenido en el tiempo. 

Pero estos esfuerzos son todavía marginales, porque las autoridades no están comprometidas en garantizar rutas seguras, ni en combatir a las redes criminales que operan en colusión con servidores públicos; tampoco hay un compromiso o voluntad institucionales para transparentar los procesos migratorios y evitar que la burocracia se convierta en un filtro de exclusión. El verdadero desafío de nuestra época no es frenar la movilidad humana, sino garantizar que las personas puedan migrar sin poner en riesgo su vida, su libertad o su dignidad.

 

X: @claudiaacn

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