Viviendo en Guadalajara, pero también cuando uno ha visitado Ciudad de México, Monterrey, Querétaro, Mazatlán, entre otras ciudades del país, con asombro, preocupación y hasta indignación se observa (aunque también en muchas ocasiones ya se ve como algo normal o ni siquiera uno logra conciencia del hecho) cómo los motociclistas conducen su motocicleta sin casco; llevan hasta tres o cuatro pasajeros (incluyendo bebes y niños) y sin casco; imprudentemente se meten entre los automóviles y camiones; conducen en sentido contrario; se suben a las banquetas para poder rebasar; en los altos, se posicionan en la zona de cebra (zona de paso de peatones); conducen a exceso de velocidad; se pasan los altos; con un arrancón levantan la parte delantera de la motocicleta; conducen operando su teléfono celular; conducen llevando objetos voluminosos en la parte delantera de la motocicleta, entre otras conductas riesgosas para las y los motociclistas y para otras personas.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año aproximadamente 1.19 millones de personas fallecen como consecuencia de accidentes viales; además, entre 20 y 50 millones de personas sufren traumatismos no mortales, muchos de los cuales provocarán una o varias discapacidades. También se sabe que los traumatismos debido al tránsito son la principal causa de mortalidad entre los niños y los jóvenes de 5 a 29 años y que más de la mitad de las víctimas de accidentes de tránsito son usuarios vulnerables de la vía pública, como peatones, ciclistas y motociclistas.
A lo anterior hay que añadir que las lesiones causadas por el tránsito ocasionan pérdidas económicas considerables para las personas, sus familias y los países en su conjunto, y esas pérdidas se deben a los costos del tratamiento y a la pérdida en términos de productividad laboral y académica de las personas que mueren o quedan con discapacidad(es) como consecuencia de las lesiones sufridas.
Lo que también es observable en Guadalajara es que los infractores casi nunca son sancionados porque las y los elementos de la Policía Vial raramente se ven. Además, las dependencias responsables de la regulación vial operan como si la ciencia para prevenir y atender estos problemas y otros semejantes no se hubiera desarrollado, lo que se debe a que los funcionarios responsables no se han actualizado multidisciplinariamente ni tampoco se dejan asesorar y con ello favorecen a que la problemática vial siga creciendo.
Estas conductas irresponsables de los(as) operadores de automotores son investigadas, estudiadas y atendidas por la psicología de la movilidad y, en un proceso innovador de dichas dependencias deberán crearse unidades o direcciones de psicología de la movilidad.
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