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El lente de la fotógrafa mexicana Sandra Blow es desobediente. No complace cánones de belleza de rubios de ojos azules, y es que la artista visual dice que el clic de su cámara desprende un “glitter radiactivo” que incomoda porque encandila con la verdad, una que será expuesta en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York. No complace cánones de belleza de rubios de ojos azules, y es que la artista visual dice a EFE que el clic de su cámara desprende un “glitter radiactivo” que incomoda porque encandila con la verdad, una que será expuesta en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.
Vestida de rojo carmín y con un rosario blanco que se desliza entre sus uñas postizas, la originaria de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, afirma que sus 19 fotografías fueron seleccionadas para la exposición Líneas de Pertenencia del MoMA porque son auténticas y vienen de alguien que “todavía siente”.Vestida de rojo carmín y con un rosario blanco que se desliza entre sus uñas postizas, la originaria de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, afirma que sus 19 fotografías fueron seleccionadas para la exposición Líneas de Pertenencia del MoMA porque son “auténticas” y vienen de alguien que “todavía siente”.
Para Blow -quien tomó prestado el apellido de la editora de moda británica Isabella Blow (1958-2007)- la autenticidad es un espejo donde uno tiene que mirarse por dentro y por fuera, y eso lo hizo hace 15 años, cuando inició su trayectoria artística.
“Cuando empecé a tomar fotos quería hacer moda, estar en las revistas, son cosas que te impresionan cuando eres más joven, pero las modelos que salían ahí era muy importante que fueran rubias, delgadas y altas”, reflexiona.
El reflejo latino, queer y disidente que Blow desprendía no era parte de esa industria, aunque ella sabía que el brillo de esas identidades ya resplandecía en la vida nocturna de la Ciudad de México.
La fiesta oscura de “la ciudad monstruosa” se convirtió en el escenario donde el lente de Blow, de manera casi mística, adquirió la habilidad de detectar la radiación de las personas.
Así ocurrió cuando fotografió a su amigo fallecido, el artista de la comunidad LGBTI+ Alan Balthazar, a quien retrató en 2017 como una virgen con senos de metal y un ramo de flores amarillas entre las manos; imagen que es parte de la exhibición del MoMA y será inaugurada el próximo 9 de septiembre.
Para explicar este brillo que ve en las personas, Blow indaga en sus primeras memorias y encuentra un recuerdo -que muchos niños mexicanos tienen- y es el de ir a la Iglesia con la familia.
Y es que más allá de la fe, la Virgen es un “símbolo de lo latino”, como la Virgen de Guadalupe lo es para México, además de “un estandarte que muchos chicanos han utilizado para hablar de su mexicanidad”.
Blow enfatiza que su trabajo visibiliza identidades diversas que “existen y resisten”, y que no van a ir a ningún lado.
jl/I