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Vacío de representación plural en reforma electoral

Como pocas veces en la historia electoral reciente de nuestro país, la falta de un proyecto claro y reconocible de los partidos de oposición ha llegado a una fase compleja y estratégica en medio de un enorme vacío de proyección y de propuestas que aleja a la ciudadanía cada vez más de las ocurrencias de los partidos que no han presentado ningún modelo atractivo, salvo el hecho de que sus dirigencias no están de acuerdo con las líneas que presenta la coalición gobernante.

Se podría detectar una suerte de esclerosis cupular de las oposiciones que ha llevado a una desconexión con las bases que representan. Señalar con insistencia que 40 por ciento de la población no aprobó el plan de la hegemonía en el poder no se traduce, de forma automática, a considerar que están en concordancia con lo que plantean las oposiciones, sobre todo, frente a la ausencia de plataformas con las que los ciudadanos se sientan conformes con una representación. Justamente, el tema de las representaciones está en las cúpulas partidistas y los ciudadanos, no se ven reflejados en ningún modelo, incluyendo los del oficialismo. Ciertamente, el tema del oficialismo, como en la época dorada del PRI, tiene los programas asistenciales como base de sustentación en el interés del voto.

Con el esquema de reforma, dos partidos que históricamente no constituyeron ofertas importantes para la ciudadanía y que, en este momento, son aliados del oficialismo, el PVEM y el PT, son ahora, dentro de la dimensión interna de gobierno, los potenciales diques de contención en el procesamiento de transformación del esquema político de representación en el país. Constituyen, se crea o no, en los partidos con capacidad de incidir en la agenda legislativa y de establecer una potencial ruta alterna al proyecto de reforma. La falta de presencia y de organización de las oposiciones las deja, técnicamente, al margen del proceso, fungiendo especialmente como simples testigos del mismo.

Las oposiciones, luego de siete años de estar en un plano muy secundario, no han logrado establecer fórmulas de replantear sus historias y generar esquemas de interés para la ciudadanía, potenciando a los propios partidos como instancias de interés en el momento del voto. En el tiempo transcurrido se ha acentuado el distanciamiento hacia la ciudadanía y el repliegue de las estructuras partidistas en sus estructuras cupulares, circunstancia que, en definitiva, no ofrece opciones atractivas para los votantes.

Los procesos de reformas y la propia administración siguen avanzando. El oficialismo ha presentado sus proyectos y sus rutas en las que no hay una diferenciación entre partido y gobierno, pero el plan está definido. Les corresponde a las oposiciones convertirse en opciones sólidas e identificables en sus plataformas y en sus programaciones, para establecer procedimientos visibles a la ciudadanía con proyectos claros de nación y gobierno, con los cuales los votantes se sientan representados y no solamente en relación con sus cúpulas. El sostenimiento del pluralismo les compete a los partidos, a menos que consideren que, como el proyecto de reforma electoral, sea el gobierno quien lo determine. 

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jl/I

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