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La gestión de la administración o la gestión del partido

La gestión de la actual administración ha entrado en una zona en la que se ha rebasado la fase de curva de aprendizaje para transformarse ya, en esta administración. Se definen, ya, las líneas de proyección en materia de crecimiento económico, la proyección económica internacional, las redes a las que nos suscribimos para desarrollar y fomentar la inversión internacional y apuntalar la local. De igual manera, ya se puede definir el esquema pensado para desarrollar el bosquejo de políticas de seguridad y, en general, de los trazos generales en los que se proyecta el gobierno del país.

En las últimas semanas se ve con cierta preocupación la falta de cohesión en las líneas estratégicas de control administrativo. Contrariamente a la mecánica de funcionamiento, más que fortalecer las rutas de gestión administrativa proyectiva se ha observado un interés para el fortalecimiento del partido en el poder, con la derivación hacia ese espacio de funcionarios de la primera línea del gobierno de la actual administración. Se destacan las habilidades de procesamiento de técnica electoral de algunos funcionarios que han transitado de la administración federal al partido. Se pensaría que el movimiento debería ser inverso, es decir, fortalecer las áreas de la administración que requieren atención de especialistas para afrontar los retos que perfilan para la continuación del sexenio, más que resolver los problemas de un partido, que, en cualquier condición, debería poder resolver con sus afiliados.

Dentro de la perspectiva de proyección de nuestras relaciones internacionales, como lo es la próxima y compleja negociación del TMEC, se deberían fortalecer nuestros espacios de intervención con cuadros profesionales y de experiencia en el tema de las relaciones comerciales internacionales, más que el retiro de funcionarios de esa primera línea de acción.

En las semanas anteriores, con la visita del representante comercial de los EEUU, el área de intervención en ese campo se vio profundamente cuestionada por ese funcionario, sin ver cuáles son los planes o estrategias que fortalezcan la posición mexicana.

El tema ecológico, económico y político de los derrames causados por Pemex, recientemente, dejan a la vista la falta de articulación en la cadena de mando que repercutió en una pésima información que sustentó la presidenta y que dejó la impresión de una ausencia de coordinación interior, con efectos negativos para la imagen de la gestión pública y colocando a la mandataria, en un incómodo lugar.

En lo referente a las encuestas sobre percepción de inseguridad (Ensu), generadas por el Inegi, los resultados no muestran ningún avance relevante desde el sexenio anterior, circunstancia que, independientemente de los altos índices de popularidad de la presidenta y de una narrativa positiva, los resultados manifiestan un estancamiento crónico en la medida en que, tomando en cuenta, de manera específica, algunas áreas urbanas importantes, la percepción de inseguridad aumentó alrededor de 91 por ciento.

Los procesos electorales y de gestión de partido deben quedar en el ámbito de los partidos, pero la administración pública debe asegurar las metas programadas. Se requiere mayor atención en la administración.

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jl/I

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