Durante la últimas semanas se ha perfilado un escenario muy complejo que trata sobre el acomodo de candidaturas, principalmente del grupo hegemónico en el poder, que se puede traducir como la búsqueda de empoderamiento de los grupos que constituyen esa enmarañada coalición, que en lo que va de este año han dejado claras sus posturas de búsqueda de afianzamiento en posiciones de mando; no se sabe qué tan estratégicas, pero sí de un espacio claro de intervención para la segunda mitad del sexenio.
A diferencia de otros momentos, no se ha evidenciado una cohesión interna y menos una articulación operativa en las líneas de liderazgo del partido hegemónico. Por otra parte, las rebeldías, principalmente del Partido del Trabajo, con una participación especulativa del Partido Verde, dejaron claro dos cosas. Por una parte, que en la búsqueda constante de modificar la Constitución se requiere la mayoría absoluta y, para tales efectos, Morena no es suficiente numéricamente, por lo que la presencia de los partidos satélite resulta necesaria. Por otra parte, los partidos periféricos se indisciplinaron frente a medidas que les afectaba su presencia y participación en el juego político y, para ello, establecieron negociaciones que parecieron en un primer momento osadas, pero que, con el paso de las semanas, se vieron fortalecidos en la medida de la relevancia que tienen para el proyecto de modificaciones constantes a la Constitución.
De manera colateral, se evidenciaron, igualmente, las dificultades en la gestión de las políticas públicas; es decir, la gestión ordinaria de gobierno, por la desatención en los temas electorales.
El mejor ejemplo de esta desatención lo constituyó el escenario de Pemex. Los derrames y mantenimiento regular de la empresa entraron en crisis y se desarrollaron problemas graves que trazan la fragilidad e inestabilidad de la empresa. Al margen del torrente declarativo que intentó por diferentes argumentos, sin credibilidad, plantear que no había una contingencia en la empresa, en razón de los derrames, así como de los incendios en instalaciones sensibles de esa industria, se desarrolló una argumentación inicial por autoridades como la Secretaría de Marina, la Secretaría de Medio Ambiente, la ex secretaria de Energía y actual gobernadora de Veracruz, y el comité de Energía, respecto a que no había una contingencia de proporciones importantes con impacto en el ecosistema del golfo de México, circunstancia que reconoció, finalmente, la presidenta, frente a la evidencia de la realidad.
Un argumento increíble sostenido por el director de Pemex fue que, en esos más de 60 días de desarrollo del problema, no le quisieron informar sus áreas subordinadas del alcance y naturaleza del inconveniente. Se trata, entonces, de un director que no dirige. El problema es que, si el director se declaró insolvente de recursos para atender esas emergencias, entonces queda la duda respecto la veracidad de la intervención y declaraciones de las demás instancias que intervinieron con declaraciones que resultaron insostenibles.
El resultado ha sido la exposición contradictoria de la presidenta con subalternos que tienen la visión en los acomodos electorales y no en la gestión y administración de la gobernanza del país.
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