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La FIL: Comentario sobre su natalicio

A Marisol

 

Fue una tarde sabatina de 1989, de las pocas que pasé en la Ciudad de México durante mi gestión en la Secretaría de Relaciones Exteriores en los años ochenta, que Raúl Padilla López me sacó de mi holgura para reunirme con él en el aeropuerto.

El hombre, entonces joven, tenía una espera de varias horas para abordar el avión a Buenos Aires y concurrir a la famosa feria del libro que se lleva a cabo en esa ciudad. Iba acompañado de Juan López Jiménez, “hombre de libros” y el mejor cronista que ha tenido la ciudad de Guadalajara, y decidió aprovechar el tiempo para comunicarme su intención de hacer en Guadalajara algo de ese estilo.

No crean que fui de buena gana, pero se trataba de dos paisanos y buenos amigos, muy respetables ambos, y me pareció que no debía fallar, además de que era un gusto reunirme con ellos.

Una vez me expuso, Raúl, con mucha calma sus ideas, no pude resistir la tentación de decirle que aquello era una locura y de exponerle cuantos argumentos en contra se me ocurrieron. Al término de mi disertación recuerdo que, con suavidad, me preguntó si me negaba a colaborar en la empresa. “¡Eso sí que no!”, le dije con vehemencia.

Al principio tuve una participación mayor que ahora, que ya casi no cuento para nada, pero no puedo dejar de ver a la FIL, si no como una hija, al menos como sobrina, por lo que se pujó para que naciera.

Entre otras cosas, además de convencer a los jefes de que jalaran –lo cual no fue difícil–, tuve que visitar a cada una de las representaciones diplomáticas en México para explicarles de qué se trataba y pedirles que concurrieran a una recepción que se llevaría a cabo en la propia Secretaría de Relaciones Exteriores para presentar oficialmente el proyecto.

Puedo presumir que dicha “recepción” fue un éxito, pues todas estuvieron presentes: de algunas fue el propio embajador, de otras, un alto funcionario o agregado cultural; solamente nos hizo el vacío la de Estados Unidos…

De Tlatelolco, pues, salió la primera convocatoria, haciendo gala del carácter “internacional” que pretendía tener la feria de Guadalajara.

Con sus pequeñas fallas, que se corrigieron oportunamente, puede decirse que la primera feria ya resultó exitosa…

Por poco me toca inaugurarla a mí, que asistí en representación de la SRE, pues el enviado de Presidencia, subsecretario de Educación Pública, Martín Reyes Vayssade, llegó tarde procedente de Torreón.

Después, ya reintegrado a Jalisco, no he dejado de estar presente en todas, aunque mi participación haya ido a la baja… los años pasan y pesan, supongo que pronto para mí será la última.

Algunas me han gustado más que otras, pero siempre ha sido motivo de gozo asistir casi diariamente a ella, mientras dura. De tal manera, la de este año no es la excepción.

La FIL superó la pandemia gracias a la solidez adquirida, pero no soslayemos el papel que ha desarrollado en su presidencia el mentado Raúl Padilla López, además del de sus diferentes directivos.

jm@pgc-sa.mx

jl/I