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Dante Delgado en su laberinto

Seymour Martin Lipset, sociólogo y político estadounidense, afirmaba –a principios de la década de 1960– que en toda democracia el conflicto entre diferentes grupos se expresa por medio de sus partidos políticos, que representan básicamente la “manifestación democrática de la lucha de clases”.

Esta expresión de corte marxista está más vigente que nunca en la política mexicana de nuestros días. El discurso lopezobradorista ha vuelto a poner de moda la lucha de clases sociales como estandarte de su gobierno, reivindicando y dando prioridad, desde el discurso, a las necesidades de las clases más oprimidas y pobres del país. “Primero los pobres”, reza la letanía cuatroteísta.

Este debate, más ideológico que instrumental, se perdió durante los sexenios de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto. Durante este intervalo la comunicación y la propaganda gubernamental enfatizó agendas diversas, como la estabilidad económica, la creación de empleos y el combate al crimen organizado, sin mencionar la desigualdad y el concepto, como tal, de “clase social”.

En este contexto nacional –aún y cuando no todos los partidos tienen previsto en su narrativa el conflicto de clases– la revisión de sus electores y del apoyo con que cuentan en las regiones del país sugiere que sí representan realmente intereses de clase.

El PAN, por ejemplo, sigue siendo el partido de la clase media urbana del país. Morena, por el contrario, encuentra su mayor fidelidad en los sectores de clase media-baja y baja y en la mayor parte de zonas rurales de México. El PRI, por su parte, sigue luchando consigo mismo para encontrar un lugar en el mapa político.

Frente a este panorama, ¿a quiénes representa realmente Movimiento Ciudadano? Dante Delgado, el coordinador nacional de este partido, está frente a una verdadera encrucijada, situación que demuestra en sus apariciones públicas. Su entrevista en Tragaluz, del periodista Fernando del Collado, lo desnudó. Por un lado, Dante se asume como crítico recalcitrante del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien en este mismo espacio señaló por tener un “desvarío emocional”.

Con este discurso, Delgado tiene la clara intención de alejar a su instituto político de cualquier posibilidad de establecer una alianza electoral y simbólica con el régimen actual. Sin embargo, el coordinador nacional de MC ha sido acusado, en infinidad de ocasiones, por actores de la alianza opositora, de engordarle el caldo a la 4T al no sumarse al PRI, el PAN y el PRD en el gran y accidentado bloque que pretenden conformar con miras a 2024.

Volviendo a la disputa ideológica de clases es claro que el Movimiento Ciudadano de Dante no tiene cabida en el debate nacional. Si bien el alfarismo sustituyó y absorbió casi en su totalidad al panismo en Jalisco, esta apuesta ha sido imposible de cumplir en lo nacional. Así, frente a la aguda polarización que enfrenta México, MC corre el peligro de reducirse a un partido de dos estados sin definir su participación en esta disputa clasista que inició AMLO en 2018 desde el gobierno y que al parecer no terminará antes de 2024.

A simple vista parece que Dante Delgado está solo, si bien cuenta con el espacio formal de la coordinación nacional, no ha podido definir la naturaleza y la visión de su partido en este juego de dos y, por si esto fuera poco, los votos reales de Movimiento Ciudadano los traen Samuel García y Enrique Alfaro, dos actores centrales con los que Dante parece haber perdido capacidad de injerencia y cercanía. Estamos a pocos meses de saber hacia dónde se pretende mover el veracruzano y cuáles serán los efectos de sus decisiones.

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jl/I