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La falacia meninista

El auge de los meninistas -movimientos que reinventan grotescamente la lucha por la igualdad de género como una supuesta “persecución” a los hombres- no es una moda pasajera ni una crítica legítima al feminismo. Es un acto de resistencia cultural patriarcal frente a desigualdades que persisten en un mundo que, según el Informe Mundial sobre la Brecha de Género 2025, apenas ha cerrado el 68.8 por ciento de la brecha global y necesitará 123 años más para alcanzar la paridad total al ritmo actual.

Este dato, aunque abstracto en cifras, refleja vidas concretas: mujeres que ganan menos, trabajan más horas no remuneradas, enfrentan barreras para acceder a posiciones de liderazgo y cuyo acceso efectivo a derechos básicos sigue limitado por normas discriminatorias. La existencia de meninistas no demuestra una “igualdad lograda” invertida, sino que desdibuja problemas reales y cuantificables.

En México, el contraste entre la retórica meninista y las realidades estructurales es evidente. Aunque existen avances en educación y representación política, las brechas económicas y laborales siguen profundas. Las mujeres participan en el mercado laboral en torno al 46 por ciento, frente al 70 por ciento de los hombres, evidenciando que la igualdad formal no se traduce en igualdad material. Según datos del Banco Mundial en el 2025, cerca de 12.6 millones de mujeres no tienen acceso a servicios financieros formales, restringiendo su autonomía y capacidad de emprendimiento. Según estimaciones del Gender Gap Index la brecha salarial persiste: las mujeres ganan significativamente menos que los hombres por trabajos de igual valor y enfrentan techos de cristal que limitan su ascenso a puestos de decisión.

Los discursos meninistas que afirman que las mujeres “tienen privilegios” son, además de erróneos, peligrosos. Minimizan evidencia empírica que muestra lo lejos que estamos de la igualdad, trivializan la violencia estructural y desvían la atención de desigualdades como la exclusión financiera, la carga desproporcionada del trabajo no remunerado y la violencia de género que afecta a mujeres de todos los estratos y regiones.

El Informe 2025 del Foro Económico Mundial subraya que ninguno de los 148 países evaluados ha alcanzado igualdad total y que los avances son desiguales entre dimensiones económicas, políticas, sociales y de salud. En este contexto, las narrativas antifeministas no son debates abstractos sobre “privilegios invertidos”, sino barreras discursivas que refuerzan obstáculos institucionales, culturales y económicos al ejercicio pleno de derechos de las mujeres.

Desde una perspectiva feminista, es fundamental reconocer que la lucha por la igualdad de género busca corregir desigualdades históricas y sistémicas, no otorgar privilegios. Los datos del informe 2025 evidencian un progreso insuficiente y subrayan la urgencia de políticas públicas con enfoque de género: igualdad salarial efectiva, acceso a servicios financieros, eliminación de barreras laborales y protección frente a la violencia estructural.

En conclusión, mientras los meninistas celebran su victimización en redes, la evidencia global y local muestra que las mujeres continúan enfrentando desventajas estructurales que no se corrigen con retórica. La igualdad de género no está alcanzada, y negar esta realidad mediante discursos meninistas solo retrasa la justicia y la ampliación de derechos que millones de mujeres en México y el mundo siguen esperando.

*Doctora en Derecho

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