La reciente polémica por el recorte del ciclo escolar de educación básica puso sobre la mesa una de las afectaciones que esta medida habría provocado: los cuidados. Que en Jalisco se haya utilizado como una de las razones por las que el estado se opuso es muy importante, aunque en la realidad nunca ha sido un tema abordado de manera seria en la agenda local.
Así que, ahora que hablamos del tema, podríamos comenzar formalmente y de manera muy seria a revisar quién se hace cargo de las niñas y niños, cuando los horarios escolares son mucho más cortos que los laborales y cuando no hay clases.
Después de que el secretario de Educación federal, Mario Delgado, hiciera el anuncio la semana pasada de que habría casi tres meses de vacaciones ante la ola de calor y por los partidos del mundial de futbol, el cual se echó atrás ayer, la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres (SISEMH) envió un comunicado en el que manifestaba su preocupación, al considerar que “la escuela es mucho más que un aula; es fundamental para complementar el sistema de cuidados en México”.
La SISEMH agregó que suspender clases de esa forma “es una decisión que carece de perspectiva de género y cuidados y que ignora que, ante la falta de espacios seguros, la carga recae desproporcionadamente sobre las mujeres”.
La afirmación de la dependencia que encabeza Fabiola Loya aplicó para el momento coyuntural de la discusión sobre el periodo vacacional y es de aplaudirse. Pero lo ideal sería que se aprovechara para revisar lo que en la realidad ocurre cuando las madres trabajan y, sobre todo, cuando son cabeza de familia.
Y no es que la escuela sea vista como una guardería y mucho menos, como se aseguró en redes sociales, que las mujeres quieran eludir la responsabilidad de la maternidad. El tema es mucho más complejo, porque maternar incluye asumir responsabilidades, ser el sustento económico, cuidar y, también, aunque para ideologías de derecha suene a exceso, el desarrollo personal.
Recuerdo que en la escuela en que estudió mi hija la primaria siempre nos llamaban a identificar nuestras redes de apoyo, a fortalecerlas y cuidarlas. Parece algo romántico, pero en la práctica significa quién se queda con las niñas y los niños cuando el horario laboral de la madre o los padres comienza más temprano, quién los lleva a la escuela, quién los recoge si es necesario, quién los acompaña en las tareas y actividades de recreación, quién cuida su alimentación, quién se hace cargo de ellos los viernes de “consejo”.
La situación se complica en las escuelas públicas, donde los horarios escolares son todavía más cortos, durante las vacaciones, especialmente las de verano, cuando la economía familiar no alcanza para los cursos extraordinarios o cuando los trabajos de quien cuida incluyen los fines de semana.
Porque a todo esto debemos agregar el aumento en la inseguridad y la violencia, que obliga a pensar no solo en quién se hará cargo, sino cuáles son las condiciones de mayor seguridad. Así que empecemos: ¿con quién se quedan las niñas y los niños?
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