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Forma y fondo

En política –más que en ninguna otra actividad humana– la forma es fondo. Por eso llamó poderosamente la atención que Pablo Lemus, alcalde Guadalajara, no estuviera presente en el primer encuentro nacional de diputadas y diputados locales de Movimiento Ciudadano, realizado el fin de semana pasado en la ciudad que gobierna. 

El evento que reunió a legisladores de ambas cámaras, a Dante Delgado, Enrique Alfaro, Clemente Castañeda y a los alcaldes metropolitanos, entre otros, tenía la intención de enviar un claro mensaje de reconciliación y unidad interna, en un momento en el que los dos bloques emecistas que se han conformado a nivel nacional han escalado la intensidad de sus diferencias. 

La ausencia de Lemus resultó extraña por muchas razones, la principal: para ser candidato y gobernador de Jalisco, Pablo –o cualquier otro– necesitará de la estructura electoral de su partido y el apoyo de quienes mandan al interior. 

La coyuntura estaba puesta para que Lemus se luciera como anfitrión y como un político conciliador, máxime que quien convocó y organizó el evento fue la legisladora local Mónica Magaña, una joven política que pertenece a su círculo más cercano. 

Muchas son las conjeturas que han surgido alrededor de este desaire de Lemus a la nomenclatura naranja; algunas de ellas se remiten al abierto enfrentamiento que sostiene con el gobernador de Jalisco. En las últimas semanas, las señales de ruptura entre ambos personajes han sido más evidentes que nunca y se han traducido en dos crisis políticas al interior del gobierno de Guadalajara en un lapso muy breve: la imposibilidad de renegociar la deuda del Ayuntamiento y la compleja situación legal de Cynthia Cantero, su actual contralora ciudadana. 

El caso de la renegociación de la deuda es el más emblemático. Pablo Lemus no pudo lograr el apoyo de los regidores de oposición ni de los propios de MC para sacar adelante el acuerdo, los cercanos a Alfaro y al ex alcalde Ismael del Toro, le hicieron vacío justificando su ausencia por motivos personales, como Eduardo Martínez Lomelí, actual secretario general. 

Es innegable que Pablo Lemus sigue siendo el candidato más fuerte –dentro y fuera de Movimiento Ciudadano– para suceder a Alfaro en la gubernatura del estado, pero también es evidente que su incapacidad para construir y cumplir acuerdos le están cobrando factura. Lemus ha tratado de transitar el camino del político independiente y crítico, lejano de Casa Jalisco y de otros liderazgos y figuras de MC. 

Por otro lado, ha mantenido estrecha relación con algunos empresarios, con Juan José Frangie y con el Grupo Universidad, sin embargo, el fin de semana pasado quedó claro que Dante Delgado y una buena parte de la nomenclatura nacional de su partido seguirán considerando el peso específico de lo que queda del sanedrín jalisciense como factor determinante en las decisiones que corresponden al estado. 

A Lemus se le comienza a hacer bolas el engrudo. Su pleito con Carlos Lomelí no le servirá de mucho, al contrario, un conflicto abierto con el regidor de Morena en Guadalajara no lo vestirá de gloria, pero sí podría generarle un problema mayor frente a la opinión pública, como ya sucedió con el affaire de la licitación de patrullas. Lomelí no tiene mucho que perder y sigue teniendo cercanía con algunas figuras nacionales de la 4T, en cambio Lemus depende, en buena medida, de su gestión como alcalde para aspirar a ser el próximo gobernador de Jalisco. 

Así las cosas, parece que Lemus y su equipo siguen empeñados en dinamitar puentes y romper acuerdos, obsesionados en mostrar una imagen fresca del alcalde, montada en su aprobación y en un discurso político seguro, optimista y feliz, que a ratos resulta chocante si lo contrastamos con la realidad que viven miles de familias tapatías. El tiempo dirá si Lemus es capaz de lograr la candidatura de su partido a la gubernatura con esta estrategia o si se verá en la necesidad de corregir el rumbo en esta larga carrera hacia 2024. 

juanluishgonzalez@gmail.com

jl/I