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Sin embargo, sigue volando

La paloma que vemos como símbolo de paz está volando lejos de la vista de los jaliscienses. La presente situación de violencia en el estado, y en la Zona Metropolitana de Guadalajara, es muy preocupante.

El académico Víctor Manuel González Romero realiza un conteo diario y por semana de los homicidios, y señala que la semana pasada ha sido la más violenta en Jalisco en lo que va del año: 59 asesinatos, un promedio de 8.4 por día. El 14 de octubre, con 14 casos, Jalisco resultó ser el estado con más crímenes del país; continúan los ataques contra policías municipales de Jalisco. La inseguridad se está desbordando.

Desconcierta que el gobernador bese la mano del papa y que aquí en Jalisco la falta de empatía ante las mujeres víctimas de la violencia y las familias de los desaparecidos sea anécdota cotidiana.

Ante la impotencia del Estado existe la necesidad de que, desde los hogares y en las escuelas de todos los niveles, a nuestros niños y jóvenes tenemos que redescubrir junto con ellos los valores que construyen paz. Estar en contra de la violencia no quiere decir que estemos a favor de la paz, pero estar a favor de la paz sí lleva implícito estar en contra de la violencia.

Para muchos tapatíos la preocupación por el otro se reduce a dar una limosna al indigente o a llevar una despensa obligada por la apariencia social, pero el resto del tiempo se la pasa ignorando o agrediendo a los más vulnerables.

Ir al encuentro con el otro, que es también un encuentro con nosotros, los otros, se vuelve necesario para empezar a revertir este proceso de deshumanización que de seguir así no puede terminar en algo bueno. Es tan importante hacerlo, que no se lo podemos dejar al Estado y menos al sistema.

Todos nos damos cuenta que nuestra democracia es imperfecta, y la prueba es que ha posibilitado el empoderamiento de personas que, una vez en el poder, develan tintes autocráticos y polarizantes; solo un sólido andamiaje institucional puede y debe contener los excesos en los que incurren los que abusan de ella.

Es necesario que colaboren todas las instituciones que estructuran la sociedad y es completamente indispensable que los ciudadanos nos organicemos para cumplir acciones ciudadanas que lleven a un progreso personal y social de manera integral.

Podría ser un buen principio en el proceso de pacificación que requiere nuestro país el distinguir cuáles son los valores mínimos en que podríamos estar de acuerdo y empezar también por no querer imponer nuestra manera de pensar a los demás.

Vivir en paz con quien piensa diferente no solo es posible, sino que es necesario. Buscar la paz con quien no piensa como nosotros no significa renunciar a nuestros principios y valores, construir la paz con todos los hombres es un deber de cada ciudadano, para los creyentes no significa claudicar en la verdad, sino priorizar el bien común sobre el bien individual.

Por otra parte, la democracia es la única estrategia que nos permite mantener una sociedad plural pero tolerante, diversa pero compacta, vigorosa pero pacífica.

Nos toca a los ciudadanos, hombres y mujeres, cuidar la consolidación de la democracia como una de las herramientas para mantener o recobrar la paz que tanto merecemos.

Hoy se exige una acción en conjunto con la sociedad civil que tenga como punto de partida una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales, sí, leyó usted bien, espirituales, para poder atender el problema de la violencia desde sus raíces, para que la paloma de la paz siga volando.

El trabajo no es solo del gobierno o de las instancias públicas. En el desarrollo integral que garantiza la paz debemos intervenir todos.

oceanoazul@live.com.mx

jl/I