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Las diputaciones de repechaje

Con la cercanía del Mundial en Norteamérica, el futbol vuelve a ser tema común y con él la palabra “repechaje”, término que ayuda a explicar una propuesta de la reforma electoral: que candidaturas que sí hicieron campaña en territorio sean consideradas en el reparto de diputaciones de representación proporcional.

Cuando he manifestado en redes sociales mi simpatía por esta idea, algunos se rasgan las vestiduras: “¿Cómo van a premiar a un candidato perdedor?”. Pero no se trata de premiar derrotas, sino aprovechar perfiles que caminaron las calles y escucharon a la sociedad para ocupar espacios que de todas formas deben repartirse entre partidos.

La representación proporcional suele criticarse porque beneficia a personajes que no hacen campaña y provienen de élites partidistas. Aun así, es necesaria: asegura pluralidad y contrapesos en el Congreso. Pongo un ejemplo extremo: si un partido ganara los 300 distritos de mayoría, y un partido queda en segundo lugar en todos, sin esta figura, quedaría sin representación.

Lo cuestionable es que esta figura se utiliza para colocar a compadres, impresentables o ‘levantadedos’. Si de todas formas se van a repartir espacios plurinominales, me parece justo el considerar a quienes sí hicieron campaña.

El modelo de “diputados de repechaje”, nacido en Chihuahua, ya se usa en varios estados como Jalisco, donde funciona desde hace más de 20 años. Se les denomina formalmente como “candidatos no electos bajo el principio de mayoría relativa que hayan obtenido los porcentajes mayores de votación válida distrital”. Para simplificar algunos los llamamos con cariño como “repechajes” y su distribución está regulada por el Capítulo Tercero del Código Electoral Local de Jalisco.

La figura del repechaje ha permitido que candidatos con alta votación, aunque no ganadores, lleguen al Congreso. En 2003, Félix Bañuelos, segundo lugar en el Distrito 3 con cabecera en Tepatitlán, accedió gracias a esta vía, pues obtuvo casi el doble de votos que Francisco Javier Hidalgo y Costilla, ganador del distrito 9 de Guadalajara. Casos como este muestran justicia para regiones donde la ciudadanía participa con entusiasmo, a diferencia de la apatía metropolitana.

La propuesta federal busca mantener las 300 diputaciones de mayoría y que, de las 200 plurinominales, 100 se asignen a los segundos o terceros lugares con mayor votación. Las otras 100 mediante listas votadas directamente por los ciudadanos, quienes marcarían dos opciones por circunscripción, similar a modelos europeos. Para aprender más sobre cómo funcionan los comicios en el mundo, recomiendo el libro ‘Sistemas Electorales y Partidos Políticos’, de José Reynoso Núñez y Dieter Nohlen.

En suma, me parece positivo que personas que sudan y se ensucian las suelas sean las que entren al necesario reparto de plurinominales. De esta manera garantizamos dos cuestiones: mayor representatividad de fuerzas políticas y por ende contrapesos; así como arraigo territorial de quienes ocuparán las curules, en vez de obsequiarlas por tráfico de influencias, conexiones familiares u otras relaciones de índole personal.

En próximas entregas analizaremos otros aspectos de la reforma electoral.

*Profesor investigador de la UdeG

X: @julio_rios

jl/I

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