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Tucanes y naranjas: dos lados de la moneda

En toda negociación existe una tensión entre quien ostenta la posición dominante y quien busca obtener beneficios. La primera controla recursos, narrativas o alternativas; la segunda depende de ello para alcanzar sus objetivos.

Esto también ocurre en la política. Morena, por ejemplo, necesita de los legisladores del Verde y del PT para asegurar su supermayoría, y estos han optado por chantajear al “grandote”, conscientes de que los guindas no pueden desprenderse de ellos, aunque esas fuerzas menores no habrían alcanzado lo que hoy presumen sin ligarse a la 4T.

Esto da pie para abordar dos episodios recientes. Uno en la política nacional y otro en la local. Luego de vender caro su amor con la reforma electoral, el Partido Verde exige como parte de su alianza con Morena cinco de las 17 candidaturas a gubernaturas en 2027, con especial interés en la de San Luis Potosí, donde el gobernador verde insiste en imponer a su esposa como sucesora.

El segundo caso ocurre en Movimiento Ciudadano (MC): Pablo Lemus, gobernador de Jalisco, ha manifestado su inconformidad con la dirigencia nacional tras la votación del llamado plan B. Aunque él niega fracturas internas, evidentemente hay distintas visiones en la versión nacional y la local.

En el caso del Verde, la estrategia es clara: negociar como si tuviera la sartén por el mango y amenazar con competir solos. Sin embargo, su posición es endeble. Sin el respaldo de la 4T, las huestes del “Niño Verde” difícilmente obtendrían triunfos significativos. Su fuerza reciente proviene de presentarse como supuestos aliados del lopezobradorimo, no de su propio peso electoral.

Morena, si quisiera, podría desactivarlos recordando públicamente en la campaña de 2027 que, al romper la alianza, “el Verde ha traicionado los principios de López Obrador”. Dudo que avancen sin la dependencia a la cual han estado acostumbrados durante su historia. Primero con el PRI, luego con el PAN de Vicente Fox, luego con el PRI de Peña Nieto y ahora con Morena.

El caso de MC es distinto. Aquí, quienes tienen la ventaja son los liderazgos de Jalisco. El partido no sería lo que es sin los votos naranjas de Jalisco y Nuevo León, que le han dado plurinominales y presencia nacional al otrora proyecto personal de Dante Delgado, que en 2009 estaba a punto de perder el registro.

En Jalisco, el voto que hoy beneficia a MC ha sido históricamente un voto antiPRI que luego se transformó en antiMorena. Ese nicho se ha mantenido fiel a los naranjas desde 2015 en cuatro elecciones consecutivas. Si ese sector percibe a MC como comparsa de Morena, los naranjas corren el riesgo de confundir y perder a su base. Por eso Lemus y los liderazgos locales quieren cuidar el voto antimorenista, su verdadero capital político.

En síntesis, mientras el Verde intenta negociar desde una posición de supuesto poder propio, MC Jalisco sí tiene los votos de los cuales depende el partido naranja, tanto para alcanzar plurinominales, como para el recurso financiero del Comité Nacional.

*Analista político y profesor universitario

X: @julio_rios

jl/I

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