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#SíConLaSociedadCivil

Ante la ausencia del Estado, las organizaciones de la sociedad civil realizan su labor para suplir las obligaciones de las autoridades y exigir que las mismas se cumplan. En lugar de recibir reconocimiento y apoyo, al igual que generar condiciones que favorezcan su protección, en las actuales administraciones ha persistido una tendencia de descalificar y obstaculizar su trabajo, contribuyendo a su desarticulación.

La semana pasada la Cámara de Diputados aprobó el llamado Paquete Económico 2022, que expide la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2022. Algunas de las disposiciones de la miscelánea fiscal podrían impactar en la labor de las organizaciones de la sociedad civil mexicanas. En concreto preocupa la reforma del artículo 151 de la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR) que podría afectar la recepción de donaciones que reciben las organizaciones por parte de particulares.

Hasta diciembre de 2021, las personas físicas en México pueden hacer deducciones de gastos anuales con un límite de 163 mil pesos, de tal manera que 15 por ciento del ingreso anual podría corresponder a los gastos médicos, funerarios, intereses de créditos hipotecarios, entre otros; 10 por ciento podría destinarse a las aportaciones extraordinarias al fondo de ahorro para el retiro, y 7 por ciento podrían constituir donativos a las organizaciones sin fines de lucro, de manera independiente del porcentaje de otros gastos correspondientes a las deducciones personales.

Con dicha reforma se limitará la posibilidad de deducir las donaciones a las organizaciones para 2022 y las personas físicas sólo podrán realizar las deducciones anuales en el límite fiscal global de 15 por ciento, integrando a esta bolsa el monto de los donativos individuales a donatarias autorizadas y aportaciones al fondo de ahorro para el retiro. Esto significa que no se prohibirán los donativos a las organizaciones sin fines de lucro; sin embargo, el monto quedaría disminuido de manera significativa. Ahora las personas físicas tendrían que decidir si deducen sus gastos fijos como los médicos, funerarios o intereses de hipotecas o si los deducen mediante los donativos.

Si bien el SAT afirma que la reforma no ocasionará afectaciones puesto que la mayoría de la población no alcanza su tope de deducción de los gastos obligatorios, y que es excepcional que se done 7 por ciento del ingreso, la labor de varias organizaciones de la sociedad civil se vería impactada. Y si bien la mayor parte de los ingresos de las organizaciones no proviene de los donativos individuales, estos sí son importantes para su sostenibilidad, por lo que se limitaría su capacidad de atender a las personas beneficiarias, quienes integran las poblaciones históricamente discriminadas que viven en contextos de vulnerabilidad y abandono del Estado.

Asimismo, la reforma afecta el desarrollo de la cultura de filantropía que de por sí es muy frágil y casi inexistente en México, que deberá ser promovida por parte de las autoridades. Aunque varias personas deciden donar motivadas por las causas sociales, eliminar los incentivos fiscales para donar anula las alternativas para la ciudadanía, limita su participación en asuntos de interés público y probablemente disminuiría la cantidad de aportaciones, lo cual preocupa ante el contexto de violencia y situación de la pandemia.

La reforma al ISR se enmarca en una tendencia de deslegitimar la labor de las organizaciones de la sociedad civil, y de manera intencional a través de las medidas fiscales abona a obstaculizar y desestabilizar su operación. Las organizaciones en México han desempeñado un papel crucial ante las desigualdades sociales y violaciones a los derechos humanos cometidas de manera sistemática. Y aunque la defensa de los derechos humanos involucra hacer críticas y propuestas para las mejoras del funcionamiento del Estado, las autoridades con su soberbia, mediante sus acciones han optado por limitar e impedir la labor de quienes se atreven a alzar la voz para generar las condiciones de vida dignas y justas.

anna.chimiak@gmail.com

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