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Propósitos de año nuevo, otra vez

El discurso se recicla cada 12 meses, nos reunimos con la familia o con nuestros demonios –en algunas ocasiones son la misma cosa–, nos sabemos un año más viejos, lanzamos al aire nuestros deseos y recapitulamos las historias que nos han marcado en el periodo. Con el paso de los años nos va quedando claro que los cambios abruptos no existen, que a lo mucho vamos a modificar o mesurar algunos comportamientos, pero que en el fondo seguiremos siendo los mismos, esos que hemos ido construyendo con nuestras acciones de todos los días.

Aún y cuando estamos conscientes que nuestros ciclos son terriblemente artificiales y absurdos, incluso los más escépticos optamos por hacer cortes de caja y promover ajustes a nuestras rutinas, ya sean las íntimas o las más expuestas. El problema aquí es cuando los ajustes y propósitos que planeamos en nuestra vida privada tienen muy pocas posibilidades de concretarse porque la vida pública que nos rodea va en otro sentido o de plano es tan débil que nuestros esfuerzos individuales no alcanzan para mucho. Ese es el caso de nuestro país, nuestro estado y nuestra ciudad.

Por ejemplo, uno de mis propósitos de año nuevo es andar sin miedo por las calles de Guadalajara; correr, pasear con mi hija y andar en bicicleta sin el temor permanente de ser asaltados. ¿Tengo posibilidades de llevar a cabo este anhelo tan elemental? La respuesta es obvia. No.

Hanna Arendt afirmaba que la vida privada es el espacio donde las personas viven juntas siguiendo sus necesidades y deseos, el lugar donde se materializa la existencia misma a través de nuestra capacidad, como seres humanos, de alimentarnos, reproducirnos y crear cosas. Sin embargo, en lo público nuestra vida, nuestra sobrevivencia y nuestras decisiones no dependen de una sola o de unas cuantas voluntades que tienen los mismos deseos y objetivos, tal como sucede en la casa.

En el mundo público-político lo que cuenta es la compleja suma de anhelos, deseos, percepciones, afinidades, filias y fobias de las personas que integran un todo en las mismas condiciones y con los mismos derechos, sin embargo, uno de los problemas principales es cuando lo público –constituido en la formalidad del discurso y la acción– es absorbido por las razones del gobierno.

Se fue 2021 y al parecer todo sigue igual. La pandemia y sus interminables cepas y variantes siguen marcando agendas, discursos e intenciones. La economía del país sigue estancada, pero no muerta y las agendas prioritarias como la seguridad y los derechos humanos se abordan sólo en el discurso y se remiten a la vida privada.

La sentencia es más que evidente: si quieres sentirte más seguro, coloca protecciones y alarmas en tu casa, no camines por tal o cual calle a determinadas horas, no uses reloj ni joyas, no uses el celular en la vía pública, no hables con desconocidos, no pertenezcas al crimen organizado, no veas personas que no debes ver. Es decir, las acciones que tendrían que ser parte de lo público se desplazan al ámbito de lo privado, sin ninguna posibilidad de éxito.

En 2021 Morena ganó una buena parte de las gubernaturas en juego, la alianza opositora logró algunos espacios en la capital y en el norte del país y MC se llevó Nuevo León, pero el recuento electoral y político de 2021 no da para más, las cosas en México siguen y seguirán igual, con gobiernos autómatas, políticos hablando desde la soberbia y ciudadanos que no atinan distinguir la frontera entre lo público y lo privado porque las razones de los gobiernos siguen sin entender las demandas y los derechos de las personas que tienen que refugiarse en su casa para no enfrentar el país que existe de la puerta para afuera.

juanluishgonzález@gmail.com

jl/I