Las burocracias son necesarias. Permiten institucionalizar actividades que, con el tiempo, sostienen y dan forma a nuestras sociedades. En el primer semestre de sociología solemos ponernos weberianos para explicar que primero las personas crean instituciones y luego las instituciones moldean a las personas.
El problema es otro: muchas personas en las burocracias aprenden que lo mejor es “navegar de muertito”. Se acomodan en la inercia. Y entonces las instituciones, sobre todo las gubernamentales, tardan en reaccionar ante las demandas reales de la gente.
Les pasa a las universidades que no actualizan sus planes de estudio.
Les pasa a los medios que no comprenden los nuevos consumos mediáticos.
Y le pasa a nuestra ciudad.
Mientras escribo estas líneas faltan 100 días para que Guadalajara inaugure su tercera Copa del Mundo. Y mientras una ciudad está en vilo por el miedo o la zozobra generada en las últimas horas, hay funcionarios de primer nivel que esbozan la sonrisa al lado del trofeo como si aquí todo estuviera bien.
En Jalisco, la burocracia suele responder primero a lo urgente, no a lo importante. En un sistema político con relevos cada tres o seis años, hay que entregar resultados visibles en plazos inmediatos. La lógica electoral impone prioridades.
Pero cuando se aproxima un evento de clase mundial, lo urgente no necesariamente coincide con los problemas estructurales de la sociedad. Coincide con lo que se ve, con lo que luce, con lo que genera espectáculo. Y si lo urgente además se cruza con nuevos negocios y con la industria del entretenimiento, entonces los ciudadanos quedan al final de la fila.
Lo advertí hace meses: el Mundial costará miles de millones de pesos en obra pública pensada para cuatro partidos de 90 minutos. El contexto político agrava la ecuación. En lo que va de 2026, Jalisco ha enfrentado dos episodios de alto impacto: la detención del alcalde de Tequila y, como consecuencia, la captura y muerte del líder del ‘Cártel Jalisco Nueva Generación’. Durante seis semanas el aparato público se ha concentrado en “apagar incendios”. En atender lo urgente.
Pero lo importante sigue esperando.
Dos señales lo evidencian. Hasta la semana pasada, integrantes de la Comisión de Búsqueda no habían firmado sus contratos de 2026. La burocracia detuvo dos meses una de las tareas más sensibles del Estado. El segundo guiño: el gobierno estatal no presupuestó los 500 millones de pesos prometidos para Tequila. Y ahora ya les avisaron a los directores de área que tendrán que reorientar el dinero. Algunos programas se verán afectados.
De aquí a junio vendrán más urgencias previsibles: tarifazo, la judicialización de la Tarjeta Única; la reforma electoral rumbo a 2026; los incendios forestales y luego inundaciones; etc.
De verdad que no le deseo el mal a Jalisco, pero va a pasar. Es una inercia que se puede leer con un poquito de prospectiva. Y entonces, en medio del mundial, los gobiernos volverán a poner atención sólo a lo urgente.
Gobernar no puede ser sólo administrar emergencias. Cuando un gobierno se dedica exclusivamente a atender lo inmediato, ¿en qué momento construye lo importante? ¿Quién se hace responsable de administrar el futuro, más allá de las elecciones?
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