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Pinchar la burbuja

Va a doler, pero es momento de pinchar la burbuja de las expectativas mundialistas.

En noviembre de 2025, una nota informativa de EFE señalaba que la titular de Turismo de Jalisco, Michelle Fridman, esperaba una afluencia de 2 millones de visitantes para el mes de junio. Unas semanas después, el coordinador del gabinete económico, Mauro Garza, elevó la apuesta a 2 millones y medio de personas. Ayer una nota decía que Jalisco espera 3 millones de turistas.

¿De dónde salen esas cuentas alegres? En 2025, Jalisco recibió 12 millones y medio de turistas. Y de acuerdo con la Encuesta de Viajeros Internacionales (EVI) que publica mensualmente el Inegi, el operativo por el ‘Mencho’ provocó un estancamiento de 200 mil viajeros mensuales en el primer trimestre del año.

En pocas palabras, la realidad empieza a pasarles factura. Los hoteleros ya reconocieron que durante junio no alcanzarán ni siquiera el 70 por ciento de ocupación que esperaban. Otros, quizá cientos de espacios ofertados en Airbnb, están muy lejos de convertirse en el negocio soñado.

No sólo afectaron a los comerciantes tradicionales del Centro Histórico, que fueron cercados por las autoridades. También castigan a quienes intentaron incorporarse al negocio mundialista. Por ejemplo, en el Auditorio Benito Juárez instalarán pantallas. A los comerciantes les pidieron entre 100 y 200 mil pesos para obtener un espacio de venta, y les piden entregar 30 por ciento de sus ingresos.

Tampoco es una fiesta para todos los medios de comunicación. Los medios locales quedaron fuera y en redes sociales circula la amenaza judicial por el uso indebido de nombres, marcas o logotipos.

La FIFA ha logrado algo notable: convertir una ínfima parte de la ciudad en un enorme set de televisión donde casi todo tiene dueño. ¿Fiesta popular? ¿Ambiente mundialista?

Los ciudadanos han tenido que soportar meses de obras, cierres viales y promesas que en algunos casos nunca llegaron a cumplirse. La Línea 5 fue presentada como una solución de movilidad. Antes de arrancar ya enfrentaba críticas: se talaron más de mil árboles para construir infraestructura. Mientras, los embotellamientos siguen formando parte del paisaje cotidiano.

Y basta una lluvia intensa para recordar que los problemas de fondo continúan exactamente donde estaban.

Lo mismo ocurre en otras sedes. En Nuevo León no terminaron las obras del Tren Ligero cercanas al estadio. En la Ciudad de México, los propietarios de los palcos del Estadio Azteca tuvieron que acudir a los tribunales para defender derechos adquiridos desde hace décadas. Resulta paradójico que hasta quienes compraron legalmente un espacio tengan que pelear para usarlo.

Quizá el problema no sea el Mundial. Los mundiales son una magnífica fiesta deportiva y millones de personas disfrutan seguirlos. El problema es vender la idea de que resolverán la economía, transformarán las ciudades y traerán prosperidad. Cuando termine el último partido, los turistas volverán a casa. Mientras, a nosotros nos queda el sentimiento de jugar de visitantes en nuestra propia cancha.

Ante esto, lo importante será descubrir qué quedará para quienes seguimos viviendo aquí. Porque una cosa es organizar una fiesta y otra muy distinta es confundir la fiesta con una política pública. Es hora de pinchar la burbuja.

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jl/I

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