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La pandemia silenciosa de los problemas de salud mental

A pesar de que las instituciones públicas federales y estatales de salud casi no desarrollan investigaciones epidemiológicas sobre los problemas de salud mental en México y que así, a ciencia cierta, no es imposible conocer con precisión el comportamiento de tales problemas, cada día es más evidente que las y los ciudadanos estamos viviendo y sufriendo otra pandemia silenciosa que no ha querido ser reconocida y debidamente atendida por las autoridades: la pandemia de los problemas de salud mental. 

En México, desde antes del surgimiento de la pandemia de Covid-19, ya teníamos una preocupante y creciente incidencia de problemas de salud mental: suicidios, ideación suicida, trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, trastornos adictivos, alcoholismo, trastornos alimenticios, de identidad de género, trastornos de personalidad, trastornos del dormir, duelos complicados, disfunciones sexuales, trastornos por estrés postraumático, psicosis, esquizofrenia, inhabilidades sociales, pérdida del sentido de la vida, violencia social, violencia familiar, conflictos de pareja, conflictos entre padres e hijos, enfermedades físicas que requerían también apoyo psicológico, entre otros. 

Pero desde marzo de 2020 los suicidios y los problemas de salud mental se han incrementado producto de los contagios de coronavirus, la angustia por contagiarse, la muerte de familiares y de otras personas cercanas, el aislamiento social preventivo, el cierre definitivo de negocios, la pérdida de empleos, la baja en los ingresos económicos familiares, la angustia por tener que vacunarse, la angustia por los rebrotes de contagios y muertes, la incertidumbre sobre el futuro de las personas, entre otras causas. 

También debemos reconocer que paralelamente existen y se continúan agravando los problemas delictivos que contribuyen al malestar psicológico y emocional de las y los ciudadanos. 

A pesar del llamamiento del gremio de los profesionales de la psicología a las autoridades federales y estatales para transformar los insuficientes, de baja calidad, en muchos casos antiéticos y excluyentes servicios públicos de salud mental, éstos no ayudan a las y los numerosos ciudadanos que requieren y piden ser atendidos. 

Por ahora, la preocupación de las autoridades es sólo que las personas no mueran, no les importa la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos, y menos de sectores históricamente olvidados, como las personas en situación de calle, con discapacidad, los adultos mayores y los indígenas. 

Aquí y ahora, sólo las personas con una muy buena condición económica pueden acceder a los servicios privados de salud mental, mientras que las personas en precariedad económica están desprotegidas. 

red_ciu@yahoo.com.mx

jl/I