Me da ternura pensar que ni siquiera los peores momentos de dolor y tristeza son capaces de anular nuestro deseo. Es curioso: ambos son un recordatorio constante de la intensidad de lo que aún persiste en nuestro instinto. No creo que la razón desaparezca cuando se habla de dolor o de deseo, pero siempre, me parece, queda ahí algo indomable, una pulsión que remite a los seres paleolíticos que fuimos, asombrados ante el mundo y ante lo que la luz, el sol, el fuego o la intemperie provocaban en los cuerpos.
Así se sienten también el dolor y el deseo: cada vez que aparecen, lo hacen como si fuera la primera vez. ¿No es cierto? No importa cuántas veces nos pase, nada nos prepara para eso.
En ‘Lo que hay’, la autora española Sara Torres explora cómo pueden convivir ambas fuerzas. No las presenta como una anomalía, sino como un tejido vivo: se trastocan, se alimentan –como el oxígeno a una llamarada–, se sostienen y, en ese mismo movimiento, crecen, se complejizan. El libro se publicó en 2022.
La protagonista, la misma Sara, atraviesa simultáneamente dos procesos: el duelo por la muerte de su madre, tras un largo padecimiento por cáncer, y el deseo desatado por una nueva mujer que acaba de llegar a su vida. En medio de la oscuridad, ese vínculo extraordinario aparece como una forma de intensidad, casi de refugio que la arrolla en sus escenas más hermosas.
Pronto, sin embargo, tienen que separarse y esa etapa de suspensión ante todos los cambios que se avecinan en su vida, acaba de manera súbita. Sara mantiene una relación larga con su pareja y ambas han decidido vivir juntas; tras muchas advertencias, el nuevo vínculo se disuelve sin posibilidades. La historia paralela que abre el libro, entonces, también se cierra: deja, en su lugar, otro tipo de vacío del que no puede hablar abiertamente. Parece un dolor ilícito.
Las reflexiones del libro giran en torno a lo que le ocurre al cuerpo cuando el deseo se extingue y a la coexistencia de duelos que no terminan de separarse. En la casa nueva –ese lugar donde se supone que se construye una vida en común–, una de las dos sigue habitada por ausencias: anhela cuerpos que ya no están.
La claridad con la que Sara nombra estas emociones confusas, la forma en que se instala en la desesperación sin volverla opaca, es profundamente gozosa, porque de alguna manera funge como testigo de que uno es capaz de guardar todo eso en su pecho, pase lo que pase. Es capaz de conmoverse por historias nuevas. Hay algo reconocible ahí: todas hemos pasado por esa zona en la que el dolor deja marcas precisas, pero el modo en que logramos salir de él se vuelve difuso. Quedan las cicatrices; el procedimiento de supervivencia, en cambio, se borra.
Hablando de este libro con mis amigas, me descubrí repitiendo una palabra: “rico”. Rico en el sentido más amplio: por la densidad de sus sensaciones, por la manera en que entrelaza placer y herida, por esa capacidad de hacer convivir recuerdos que, en momentos de fragilidad, se vuelven inseparables y empujan hacia la melancolía.
Porque así funciona también la experiencia: cada vez que vuelve, el dolor parece nuevo. Extrañar hasta que ardan los ojos. Ceder a la inercia de querer contar algo –cualquier cosa– a quien ya no puede escuchar.
Publicado por Reservoir Books, ‘Lo que hay’ es, en ese sentido, una oda a esos momentos que nos configuran: el anhelo, el duelo, una forma persistente de la pérdida que, aunque se repite, nunca deja de sentirse inaugural y devastadora.
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