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Justificación
No permitirá construcción
La presentación de las primeras 10 acciones de Karla Planter Pérez como rectora general electa de la Universidad de Guadalajara (UdeG) marca un momento significativo en la historia de la casa de estudios. Su llegada al cargo tiene un peso simbólico, al ser la primera mujer en ocupar la Rectoría, pero también trae consigo peso real sobre la igualdad de género y la erradicación de la violencia en la universidad.
Uno de los principales ejes del plan es la construcción de una administración paritaria, lo que implica garantizar la presencia de mujeres en los espacios de toma de decisiones. Esto no solo contribuye a cerrar brechas de desigualdad estructural en el ámbito académico, sino que también se ha abordado como una exigencia del movimiento feminista en general: la representación efectiva de las mujeres en el poder.
La actualización de los protocolos para sancionar la violencia de género es otra medida esencial, pues muchas veces los procesos burocráticos revictimizan a quienes denuncian. La simplificación de estos mecanismos y la colaboración con la Unidad para la Igualdad son pasos fundamentales para agilizar el acceso a la justicia dentro de la institución.
Asimismo, la implementación de un sistema universitario de cuidados reconoce que la conciliación entre el trabajo y la vida personal es una deuda pendiente con las mujeres, quienes suelen asumir la mayor carga de cuidados.
Otro punto destacable es la inclusión de la materia de perspectiva de género en toda la educación superior, lo que fortalece una visión crítica sobre las desigualdades y fomenta masculinidades no violentas. Estas acciones serían cruciales para transformar las estructuras de pensamiento que perpetúan la violencia machista, esa que ha sido denunciada más de una ocasión en los tendederos universitarios o en las marchas feministas, a veces con nombre y apellido de aquellos que la perpetran.
El reconocimiento de la diversidad sexual en la agenda universitaria también es destacable. Medidas como la construcción de baños neutros y sobre todo la capacitación del personal para la atención de estudiantes trans son avances hacia una universidad realmente incluyente.
Si bien el decálogo aborda problemáticas clave, hay desafíos que requieren una implementación efectiva para que estas medidas no queden en el discurso. Por ejemplo, la consolidación de la agenda de diversidad sexual debe ir acompañada de un monitoreo riguroso sobre la discriminación y violencias que aún persisten en la comunidad universitaria.
Por otro lado, aunque se menciona el fortalecimiento del Centro de Estudios de Género, se debe garantizar que haya recursos, tanto humanos como monetarios, suficientes para su operación.
Finalmente, la memoria histórica de las mujeres en la UdeG es una acción valiosa para visibilizar su papel en la institución, pero sería interesante que este esfuerzo no se limitara a una “línea archivística”, a solo un registro, sino que se traduzca en políticas concretas de reconocimiento y promoción del liderazgo femenino.
El decálogo de Karla Planter muestra un avance significativo en la lucha por la igualdad dentro de la UdeG, pero la implementación y su seguimiento deben ir de la mano de la apertura de las autoridades a la retroalimentación y la crítica de la propia comunidad universitaria.
Estas medidas no solo deben responder a una coyuntura, sino que tendrían que ser un compromiso institucional con una transformación estructural que trascienda el rectorado.
A profundidad.
X: @perlavelasco
jl/I