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La migración nuevamente toca las puertas

La administración de Donald Trump enfatizó un tema que, en su momento, alcanzó altos niveles de flujos de migrantes que no han cesado de tener un impacto complejo en la sociedad norteamericana. Se trata de un problema de convivencia internacional que por mucho tiempo tenía como actores principales a los migrantes mexicanos circulando hacia los Estados Unidos. 

Sin embargo, con el paso del tiempo, con el desarrollo de implantaciones industriales de mayor peso en las economías regionales, de la agudización de las polarizaciones en los diferentes gobiernos, principalmente en Centroamérica, los contingentes fueron cambiando al paso de las dos últimas décadas, y entonces las composiciones de flujos migratorios se transformaron de mexicanos a gente de Centroamérica y el Caribe. 

Uno de los temas emblemáticos de la campaña presidencial de Donald Trump fue la construcción de un muro, enfatizando la necesidad de contener los flujos migratorios. Aun cuando la migración mexicana sigue siendo un tema importante, el crecimiento de la diversidad de nacionalidades que pasan por territorio mexicano para intentar el cruce hacia Estados Unidos, no ha cesado de crecer y constituye ya, uno de los temas de mayor preocupación en el vecino país del norte. 

El cambio de gobierno en Estados Unidos con la administración de Joseph Biden auguraba cambios considerables, y los niveles de popularidad con los que iniciaba el demócrata vislumbraban una plataforma sólida para el desarrollo de su gestión. Sin embargo, en las recientes semanas, con la decisión de retirar las fuerzas armadas, establecidas territorialmente en Afganistán, en medio de un caos cuyos resultados aún se están estimando, la opinión pública norteamericana ha cuestionado severamente las decisiones de Biden, y sus cuotas de popularidad han bajado a menos de 50 por ciento. 

Un tema que resurge con gran fuerza, sin relación directa con el de Afganistán, continúa siendo el de la migración a través de la frontera sur, y ahí la relación internacional entre México y Estados Unidos se ha encontrado en niveles muy precarios. 

El tránsito de la administración de Enrique Peña Nieto a Andrés Manuel López Obrador cambió mucho el perfil internacional y regional de los compromisos que tienen los dos países, y la forma en la que se gestionó un dique de contención, se concretó con la presente administración. Entre 2018 y 2019 se dirigieron muchos efectivos de la recientemente creada, en esos momentos, Guardia Nacional, para al margen de las disposiciones migratorias de la Secretaría de Gobernación, establecer mecanismos de disuasión y contención de las caravanas migrantes. Es decir, la función de regulador internacional para la zona a la que, progresivamente, se fueron integrando grupos de migrantes africanos y sudamericanos, principalmente venezolanos, la asumió México como consecuencia de las presiones, en aquellos momentos de la administración republicana sobre nuestro país. 

Las tendencias de incremento de los flujos migratorios no han cesado y ese es un movimiento que es revisado meticulosamente por la ONU y, claro está, por los Estados Unidos. El gran reto que se presenta será el de determinar cuál de las instancias involucradas tiene la responsabilidad de su administración: ¿la Sedena, Relaciones Exteriores o Secretaría de Gobernación? El tiempo avanza y la necesidad de las precisiones comienza a presionar a las autoridades locales en la medida en que no se vislumbra una estrategia clara ni tampoco una política pública que abarque el problema. La imagen de un funcionario de Inmigración golpeando sin contemplación alguna a un migrante sigue causando indignación y sorpresa internacional, principalmente por el gobierno que representa ese agente. 

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I