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Hablar de paz y vivir de las armas

La Asamblea General de la ONU volvió a reunir en persona a líderes mundiales después de dos años de virtualidad debido a la pandemia del Covid-19.

Las crisis múltiples y concurrentes de los últimos años han revelado algunos déficits notables en la gobernanza mundial y han puesto de manifiesto la necesidad de modernizar y reformar las Naciones Unidas ante la profundización de las fracturas geopolíticas.

En esta 77.ª Asamblea General, el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolín, hizo un análisis de las emergencias del mundo, mostrando la preocupación por el aumento de los conflictos y sus consecuencias, entre ellos el fantasma de la guerra nuclear, por lo que insiste en una reforma mundial donde participen todas las naciones para logar un futuro de seguridad y de paz.

Sobre Ucrania y el riesgo nuclear, Parolín señala que la guerra que ha intensificado el aumento de los precios de los alimentos y del combustible y el número de desplazados, y ha provocado el riesgo de una escalada nuclear, una cuestión que permaneció por décadas “fuera de la conciencia pública”.

Hoy los pobres tienen que enfrentar la elección existencial entre “tener calefacción o comer”, pero también la guerra en Ucrania nos pone también de frente al peligro de una devastación nuclear, ya sea por “escalada o por accidente”.

Lo terrible de esta situación es la lucha de un estado que posee armas nucleares, o sea, Rusia; en guerra con un Estado que ha renunciado a su arsenal nuclear a cambio de garantías de seguridad que han sido claramente ignoradas, como Ucrania, y que “desalentará a otros Estados con armas nucleares a seguir su ejemplo, complicando el camino hacia un mundo libre de armas nucleares”.

En su intervención, el secretario de Estado del Vaticano destacó los 828 millones de personas que padecen hambre en el mundo y enfáticamente declaró en su discurso que es hora de acabar con la “hipocresía de los armamentos”, de hablar de paz y vivir de las armas.

El Vaticano hace la invitación a que, para lograr la paz, todos los países inviertan en la educación, considerada como “principal vehículo de desarrollo humano integral”.

La educación integral debe ser entendida, sin divisiones entre ciencia y ética, para “recuperar cuanto antes un amplio acuerdo y un auténtico consenso en el seno de esta organización si se quiere restablecer su credibilidad internacional como una verdadera familia de naciones”.

El cardenal Parolín subrayó que los miembros permanentes, en particular, tienen una responsabilidad crucial en el mantenimiento de la paz y el orden en el mundo, y que deben reformarse los órganos como el Consejo de Seguridad para que tengan una capacidad ejecutiva efectiva,

“Cuando no hay una visión compartida ni una voluntad política de coexistencia pacífica y los propios guardianes de la paz ignoran las normas que pretenden defender, ellos mismos se convierten en autores de graves injusticias”, remarcó.

Así, guiados por el interés personal y por la lógica del poder, el sistema resulta seriamente dañado y está en peligro. De ahí el llamamiento a poner el bien común por encima de los intereses partidistas para “un futuro seguro y feliz”.

Reiteró el cardenal, la convicción de que los países no pueden resolver por sí solos los principales retos de este tiempo, sino que deben abordarse de manera conjunta por todos los países, debido a su carácter y alcance mundiales.

Para que el mundo sea para todos y un lugar más seguro para vivir, defendiendo la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho, asegurando la paz y la prosperidad.

oceanoazul@live.com.mx

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