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Mujeres-árbol, hombres-árbol, ciudades-árbol

Al conocer que tres majestuosos robles de Garry serían talados para construir un campo deportivo, la joven artista canadiense Hilary Huntley se trepó a uno de los árboles para impedir que los taladores lo echaran abajo. Al día siguiente, Clare Peterson se dispuso a apoyarla a través de sus redes personales. Hablaron a medios informativos, presionaron al ayuntamiento, telefonearon a los poderes fácticos para exigir mantener con vida a las especies. Vecinos organizaron un grupo de vigilia. Hilary permaneció en el árbol cuatro días. No se bajó sino hasta que el alcalde le prometió a través de una llamada telefónica que no los talarían, y que le entregaron un documento oficial que lo confirmaba. Un movimiento en defensa de los árboles se puso en marcha. Ocurrió en la isla de Vancouver, Canadá, en junio de 2010.

Sin embargo, fue Julia Butterfly Hill la que más tiempo ha permanecido en la cima de un árbol para impedir que lo talaran: en diciembre de 1995 se subió a una milenaria secuoya de 55 metros de altura y vivió ahí 738 días, en el condado de Humboldt, en California. Padeció frío, miedo, soledad, hambre, dolor, intimidación, sabotajes. Al final, con el respaldo de ambientalistas, impidió el derribe que pretendía hacer una empresa maderera.

La doctora en medicina, psiquiatra, escritora y analista junguiana Jean Shinoda Bolen escribió el maravilloso libro Sabia como un árbol. Su texto “es una exploración poética, pedagógica, mística y realista de la interdependencia de los seres humanos y los árboles”, indica la contraportada. La autora ofrece su elegante visión sobre las especies, desde su fisiología hasta su papel como arquetipos y símbolos sagrados.

Explica la autora que el título del libro es un relato que describe las similitudes entre los árboles, las personas y los símbolos. Es un viaje que se adentra no solo en la importancia biológica o ambiental de los árboles, sino en lo que representan desde una diferente mirada, nivel de vibración o grado de consciencia sobre el universo, y de cómo las mujeres, que están en la vanguardia que defiende bosques, selvas, parques y en general los ecosistemas, pueden aprender de las enseñanzas que ancestrales culturas legaron a la humanidad. Los títulos de los capítulos son elocuentes: “generosas como un árbol; sobrevivir como un árbol; sagradas como un árbol; simbólicas como un árbol; con alma, como un árbol; sabias como un árbol: las personas árbol”.

Shinoda Bolen explica que hay “personas árbol”. Son las que “tienen un sentimiento vivo hacia cada árbol individual, y respeto y empatía hacia los árboles como especie”. Quizá en su infancia o de adulto, indica, tuvieron un encuentro con la naturaleza, y pueden convertirse en activistas defensoras de los árboles.

La semana pasada fue el Día del Árbol. Empresas inmobiliarias y agrícolas, autoridades ineficientes y cómplices han deforestado enormes extensiones de Jalisco. Por fortuna, hay resistencias de personas árbol, como los bomberos forestales, o el comité que defiende el bosque El Nixticuil, en Zapopan, o el vecinal que ha denunciado la tala en el Parque San Rafael, en Guadalajara. O asociaciones como Bosque Urbano de Extra, que promueve la reforestación metropolitana.

El tiempo apremia. Padecemos crisis ambiental. Formemos más mujeres-árbol, hombres-árbol, sitios-árbol y ciudades-árbol.

X: @SergioRenedDios

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